Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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los malvados ejercerán sus depredaciones hostiles contra los buenos, en
que el orden, la ley y la disciplina militar ya no serán observados, en que
nadie respetará las canas, no cumplirá con los deberes de piedad, no se
apiadará de la mujer o del niño, etcétera”. Pero después de ese estadio
precursor, descenderá el fuego purificador que aniquilará a los malos, y
vendrá entonces el milenio de beatitud que también esperaban los
chiliastas cristianos y que ya habían anunciado Isaías y los Oráculos
sibilinos. Los hombres conocerán una nueva edad de oro que durará
hasta la terminación del séptimo milenio, pues tras ese último combate
una ekpyrosis universal resorberá al mundo entero en el fuego, lo que
permitirá el nacimiento de un mundo nuevo, justo, eterno y feliz, no
sometido a las influencias astrales y libre del reinado del tiempo.
Los hebreos limitaban igualmente la duración del mundo a siete
milenios,” pero los rabinos jamás fueron partidarios de la determinación
del fin del mundo por el cálculo matemático. Se conformaron con
precisar que una sucesión de calamidades cósmicas e históricas (hambre,
sequías, guerras, etcétera) anunciarán el fin del mundo. Luego llegará el
Mesías; los muertos resucitarán,
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Dios vencerá a la muerte y de ahí
seguirá la renovación del mundo.”
Aquí también volvemos a encontrar, como por doquier en las
doctrinas apocalípticas antes recordadas, el motivo tradicional de la
decadencia extrema, del triunfo del mal y de las tinieblas, que preceden
al cambio de Eón y a la renovación del Cosmos. Un texto babilónico
traducido por A. Jeremias
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prevé así el apocalipsis: “Cuando esas cosas
se produzcan en el Cielo, entonces lo que es límpido se hará opaco y lo
que está limpio se pondrá sucio, la confusión se extenderá sobre las
naciones, no se oirán más oraciones, los auspicios se mostrarán
desfavorables...”. “En tal reinado los hombres se devorarán entre sí y
venderán a sus hijos por dinero, el esposo abandonará a la esposa y la
esposa al esposo, y la madre cerrará la puerta de su hija.” Otro himno
anuncia que entonces el sol no se levantará más, que la luna no volverá a
aparecer, etcétera. Pero en la concepción babilónica ese período
crepuscular va siempre seguido de una nueva aurora paradisíaca. A
menudo, como era de esperar, el período paradisíaco se abre con la
entronización de un nuevo soberano. Asurbanipal se considera como un
regenerador del Cosmos, pues “desde que los dioses, en su bondad, me
han establecido en el trono de mis padres, Adad ha enviado su lluvia...,
los rebaños se han multiplicado, etcétera...”
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Simplificando, podría decirse que, tanto entre los iranios como entre
los judíos y los cristianos, la “historia” que se atribuye al Universo es
limitada, y que el fin del mundo coincide con el aniquilamiento de los