Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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pecadores, la resurrección de los muertos y la victoria de la eternidad
sobre el tiempo. Pero aun cuando esa doctrina se hizo cada vez más
popular en el siglo i a. de C. y en los primeros siglos que siguieron, no
consiguió eliminar definitivamente la doctrina tradicional de la
regeneración periódica del tiempo por la repetición anual de la creación.
En el capítulo anterior hemos visto que entre los iranios se conservaron
vestigios de esa doctrina hasta una época muy avanzada de la Edad
Media. Dominante también en el judaismo premesiánico, esa doctrina
nunca fue, sin embargo, totalmente abolida, pues los círculos rabínicos
vacilaban en precisar la duración fijada por Dios al Cosmos y se
contentaban con declarar que el illud tempus llegaría ciertamente algún
día. En el cristianismo, por otro lado, la tradición evangélica deja
entender que ßasi ?eia t?? d??? está ya presente “entre” (??t?) los que
creen, y que por consiguiente el illud tempus es eternamente actual y
accesible a cualquiera, en cualquier momento, por metánoia. Como se
trata de una experiencia religiosa totalmente diferente de una
experiencia tradicional, puesto que se refiere a la “fe”, la regeneración
periódica del mundo se traduce en el cristianismo en una regeneración
de la persona humana. Mas para el que participa en ese eterno nunc del
reino de Dios, la “historia” cesa de modo tan total como para el hombre
de las culturas arcaicas que la anula periódicamente. Por consiguiente,
también para el cristiano la historia puede ser regenerada, por cada
creyente en particular y a través de él, aun antes de la segunda llegada
del Salvador, en que cesará de manera absoluta para toda la Creación.
Una discusión conveniente de la revolución introducida por el
cristianismo en la dialéctica de la abolición de la historia y de la evasión
fuera de la dominación del tiempo, nos llevaría fuera de los límites de
este ensayo. Observemos solamente que, aun en el cuadro de las tres
grandes religiones —irania, judaica y cristiana— que han limitado la
duración del Cosmos a un número cualquiera de milenios y afirman que
la historia cesará definitivamente in illo tempore, subsisten sin embargo
huellas de la antigua doctrina de la regeneración periódica de la historia.
En otros términos, la historia puede ser abolida, y por consiguiente
renovada, un número considerable de veces antes de la realización del
eschaton final. El año litúrgico cristiano está, por lo demás, fundado en
una repetición periódica y real de la Natividad, de la Pasión, de la muerte
y de la resurrección de Jesús, con todo lo que ese drama místico implica
para un cristiano; es decir, la regeneración personal y cósmica por la
reactualización in concreto del nacimiento, de la muerte y de la
resurrección del Salvador.