Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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DESTINO E HISTORIA
Hemos recordado las doctrinas helenístico-orientales relativas a los
ciclos cósmicos con el solo fin de poder establecer la respuesta a la
cuestión que planteábamos al comienzo de este capítulo: ¿cómo soporta,
el hombre la historia? La respuesta es evidente en cada sistema en
particular: por su situación misma en un ciclo cósmico —pueda éste
repetirse o no— incumbe al hombre cierto destino histórico. Advirtamos
que se trata de algo distinto de un fatalismo, sea cual fuere el sentido que
se le dé, que explicará la felicidad o la desdicha de cada individuo
tomado aisladamente. Esas doctrinas responden a las preguntas que
plantea la suerte de la historia contemporánea en su totalidad y no solamente
el destino individual. Cierta cantidad de sufrimiento está reservada a la
humanidad (y por el vocablo “humanidad” cada cual entiende la masa
de hombres de que tiene noción) por el simple hecho de que se halla en
cierto momento histórico, es decir, en un ciclo cósmico descendente o
cercano a su conclusión. Individualmente, cada cual es libre de
sustraerse a ese momento histórico y de consolarse de sus consecuencias
nefastas, sea por la filosofía, sea por la mística (bastará que evoquemos al
pasar cómo pulularon las gnosis, sectas, misterios y filosofías que
invadieron el mundo mediterráneo-oriental en el curso de los siglos de
tensión histórica, para dar una idea de la proporción cada vez más
aplastante de los que intentaban sustraerse a la “historia”). El momento
histórico en su totalidad no podía sin embargo evitar el destino que
derivaba fatalmente de su posición misma en la trayectoria descendente
del ciclo al cual pertenecía. Así como cada hombre del kali-yuga, en la
perspectiva hindú, se siente incitado a buscar su libertad y su beatitud
espiritual, sin poder evitar, empero, la disolución final de este modo
crepuscular en su totalidad, así también, en la perspectiva de los
diversos sistemas que hemos revistado antes, el momento histórico, a
pesar de las posibilidades de evasión que presenta para los
contemporáneos, no puede ser, en su totalidad, sino trágico, patético,
injusto, caótico, etcétera, como debe ser cualquier momento precursor de
la catástrofe final.
Un rasgo común, en efecto, relaciona todos los sistemas cíclicos
difundidos en el mundo helenista-oriental: en la perspectiva de cada uno
de ellos, el momento histórico contemporáneo (sea cual fuere su posición
cronológica) representa una decadencia respecto de los momentos
históricos precedentes. No sólo el Eón contemporáneo es inferior a las
otras “edades” (de oro, de plata, etcétera), sino que, aun en el cuadro de