Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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la edad actual (es decir, del ciclo actual), el “instante” en el cual vive el
hombre se agrava a medida que pasa el tiempo. Esa tendencia a la
desvalorización del momento contemporáneo no debe ser considerada
como un estigma pesimista. Al contrario, más bien denuncia un exceso
de optimismo, pues, en la agravación de la situación contemporánea,
una parte, por lo menos, de los hombres veía los signos anunciadores de
la regeneración que necesariamente debía seguir. Una serie de derrotas
militares y de derrumbes políticos se esperaban con angustia desde los
tiempos de Isaías, como síndrome imprescriptible del illud tempus que
había de regenerar al mundo.
Sin embargo, por diversas que fuesen las posiciones posibles del
hombre, presentaban un carácter común: la historia podía ser soportada,
no sólo porque tenía un sentido, sino también porque era necesaria en
último análisis. Tanto para quienes creían en una repetición del ciclo
cósmico en su totalidad, como para quienes creían nada más que en un
solo ciclo que se acercaba a su fin, el drama de la historia contemporánea
era necesario e inevitable. Ya Platón, a pesar de su agrado por la parte de
los esquemas de la astrología caldea que había hecho suyos, no reprimía
sus sarcasmos contra quienes habían caído en el fatalismo astrológico o
creían en una eterna repetición en el sentido estricto (estoico) del
término.
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En cuanto a los filósofos cristianos, libraron un encarnizado
combate contra el mismo fatalismo astrológico,
*
muy acentuado durante
los últimos siglos del Imperio romano. Como al instante veremos, San
Agustín defenderá la idea de la perennidad de Roma con el solo fin de
no aceptar un fatum decidido por las teorías cíclicas. Pero no es menos
cierto que también el fatalismo astrológico explicaba el curso de los
acontecimientos históricos y ayudaba por consiguiente al
“contemporáneo” a comprenderlos y a sufrirlos, con igual éxito que las
diversas gnosis grecoorientales, el neoestoicismo y el neopitagorismo. Ya
sea que la historia esté regida por la marcha de los astros, o pura y
simplemente por el proceso cósmico, que reclamaba necesariamente una
*
Entre muchas otras liberaciones, el cristianismo realizó igualmente
la liberación del destino astral: "Estamos por encima del Destino", escribe
Taciano (ad Graecos, 9), resumiendo toda la doctrina cristiana. "El sol y la
luna han sido hechos para nosotros; ¿cómo podría yo adorar lo que ha
sido hecho para que me sirva?" (Ibid., 4). Cf. también San Agustín, Civ.
Dei, xii, cap. x-xiii ; sobre las ideas de-San Basilio, Orígenes, San Gregorio
y San Agustín y la oposición de estos a las teorías cíclicas, véase P.
Duhem, Le Systems du monde, II, págs. 446 y sig.