Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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CAPÍTULO IV
‘EL TERROR A LA HISTORIA”
LA SUPERVIVENCIA DEL MITO DEL “ETERNO RETORNO”
El problema que abordamos en este último capítulo supera los
límites que nos hemos impuesto para el presente ensayo. Por ello no
haremos sino esbozarlo. Sería, en efecto, necesario comparar al hombre
“histórico” (moderno), que se sabe y se quiere creador de historia, con el
hombre de las civilizaciones tradicionales que, como hemos visto, tenía
frente a la historia una actitud negativa. Ya la anulara periódicamente, ya
la desvalorizara encontrándose siempre modelos y arquetipos
transhistóricos, ya, en fin, le atribuyera un sentido metahistórico (teoría
cíclica, significaciones escatológicas, etcétera), el hombre de las
civilizaciones tradicionales no concedía al acontecimiento histórico
ningún valor en sí: en otros términos, no lo consideraba como una
categoría específica de su propio modo de existencia. Ahora bien: la
comparación de esos dos tipos de humanidad implica un análisis de
todos los “historicismos” modernos, y semejante análisis, para que fuera
verdaderamente útil, nos llevaría lejos del tema principal de este trabajo.
No obstante, nos vemos obligados a rozar el problema del hombre que se
reconoce y se quiere histórico, porque el mundo moderno no está todavía,
en esta hora, completamente ganado por el “historicismo”; aun asistimos
al conflicto de dos concepciones: la concepción arcaica, que llamaríamos
arquetípica y antihistórica, y la moderna, poshegeliana, que quiere ser
histórica. Nos conformaremos con examinar un solo aspecto del
problema, pero un aspecto esencial: las soluciones que ofrece la
perspectiva historicista para que el hombre moderno pueda soportar la
presión cada vez más poderosa de la historia contemporánea.
En los capítulos anteriores se ha mostrado con abundantes ejemplos
la forma en que los hombres de las civilizaciones tradicionales
soportaban la “historia”. Recordemos que se defendían de ella, ora
aboliéndola periódicamente gracias a la repetición de la cosmogonía y a
la regeneración periódica del tiempo, ora concediendo a los
acontecimientos históricos una significación metahistórica, significación
que no era solamente consoladora, sino también y ante todo coherente,