Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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menosprecian no sólo al historicismo sino también a la historia como tal.
Creemos estar autorizados para descubrir en ellas, más que una
resistencia a la historia, una rebelión contra el tiempo histórico, una
tentativa para reintegrar ese tiempo histórico, cargado de experiencia
humana, en el tiempo cósmico, cíclico e infinito. En todo caso es
interesante señalar que la obra de dos de los escritores más significativos
de nuestro tiempo —T. S. Eliot y James Joyce— está profundamente
impregnada por la nostalgia del mito de la repetición eterna y, en
resumidas cuentas, de la abolición del tiempo. Asimismo es menester
considerar que cuanto más se agrave el terror a la historia, cuanto más
precaria se haga la existencia debido a la historia, tanto más crédito
perderán las posiciones del historicismo. Y, en un momento en que la
historia podría aniquilar a la especie humana en su totalidad —cosa que
ni el Cosmos, ni el hombre, ni la casualidad consiguieron hacer hasta
ahora—, no sería extraño que nos fuese dado asistir a una tentativa
desesperada para prohibir “los acontecimientos de la historia” mediante la
reintegración de las sociedades humanas en el horizonte (artificial, por
ser impuesto) de los arquetipos y de su repetición. En otros términos, no
está vedado concebir una época, no muy lejana, en que la humanidad,
para asegurarse la supervivencia, se vea obligada a dejar de “seguir”
haciendo la “historia” en el sentido en que empezó a hacerla a partir de la
creación de los primeros imperios, en que se conforme con repetir los
hechos arquetípicos prescriptos y se esfuerce por olvidar, como
insignificante y peligroso, todo hecho espontáneo que amenazara con
tener consecuencias “históricas”. Incluso resultaría interesante comparar
la solución antihistórica de las sociedades futuras con los mitos
paradisíacos o escatológicos de la Edad de Oro de los orígenes o del fin
del mundo. Pero como tenemos proyectado proseguir en otro momento
con esas especulaciones, volveremos ahora a nuestro problema: la
posición del hombre histórico en relación con el hombre arcaico, y
trataremos de comprender las objeciones opuestas a este último en
virtud de la perspectiva historicista.
LIBERTAD E HISTORIA
En el rechazo de las concepciones de la periodicidad histórica y por
lo tanto, en suma, en el rechazo de las concepciones arcaicas de los
arquetipos y de la repetición, tendríamos derecho a ver la resistencia del
hombre moderno a la Naturaleza, la voluntad del “hombre histórico” de