Como agua para chocolate Laura Esquivel
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era vital el seguir aparentando que su matrimonio funcionaba de maravilla y que para ella
era importantísimo el que su hija creciera dentro de la sagrada institución de la familia, la
única según ella que le daría una fuerte formación moral, Pedro y Tita se habían
comprometido a ser de lo más discretos en sus encuentros y a mantener oculto su amor.
Ante los ojos de los demás siempre serian una familia de lo más normal. Para esto, Tita debía
renunciar a tener un hijo ilícito. Para compensarla, Rosaura estaba dispuesta a compartir a
Esperanza con ella de la siguiente manera: Tita se encargaría de la alimentación de la niña y
Rosaura de su educación.
Rosaura por su parte quedaba obligada a convivir con ellos de una manera amistosa,
evitando celos y reclamos.
En general todos habían respetado el convenio, menos en lo referente a la educación de
Esperanza. Tita deseaba para Esperanza una educación muy diferente de la que Rosaura
planeaba para ella. Así que aunque no le correspondía, aprovechaba los momentos en que
Esperanza estaba a su lado para proporcionarle a la niña otro tipo de conocimientos de los
que su madre le daba.
Estos momentos formaban la mayor parte del día, pues la cocina era el lugar preferido de
Esperanza y Tita su mejor confidente y amiga.
Precisamente fue una tarde de las que pasaban juntas en la cocina cuando Tita se enteró
de que Alex,, el hijo de John Brown, pretendía a Esperanza. Tira fue la primera en saberlo.
Habían vuelto a verse, después de muchos años, en una fiesta de la preparatoria donde
Esperanza estudiaba. Alex ya estaba terminando su carrera de médico. Desde el primer
momento se habían atraído el uno hacia el otro. Cuando Esperanza le dijo a Tita que al
recibir la mirada de Alex sobre su cuerpo ella se había sentido como la masa de un buñuelo
entrando al aceite hirviendo, Tita supo que Alex y Esperanza se unirían irremediablemente.
Rosaura intentó por todos los medios de evitarlo. Desde un principio se opuso franca y
terminantemente. Pedro y Tita intercedieron por Esperanza y de esta manera se inició entre
ellos una verdadera guerra a muerte. Rosaura exigía a gritos sus derechos: Pedro y Tita
estaban rompiendo el pacto y eso no era justo.
No era la primera vez que tenían discusiones a causa de Esperanza. Las primeras fueron
porque Rosaura se empeñaba en que su hija no asistiera a la escuela, pues lo consideraba
una pérdida de tiempo. Si la misión de Esperanza en esta vida era únicamente la de cuidarla
a ella, su madre, por siempre, no necesitaba para nada de elevados conocimientos, era
preferible que estudiara piano, canto y baile. El dominar estas actividades le sería de enorme
utilidad en la vida. En primera, porque así Esperanza podría proporcionarle a Rosaura
maravillosas tardes de entretenimiento y diversión y, en segunda, porque su participación
dentro de las fiestas de sociedad sería de lo más relevante y espectacular. De esta forma
capturaría las atenciones de todos y sería siempre muy bien aceptada dentro de la clase alta.
Haciendo una gran labor, lograron convencer a Rosaura tras largas pláticas de que era
importante que Esperanza, aparte de cantar, bailar y tocar el piano virtuosamente, pudiera
hablar de cosas interesantes cuando se acercaran a ella y para esto era vital que asistiera a
la escuela. Rosaura, a regañadientes, aceptó mandar a la niña al colegio, pero sólo porque se
había convencido de que Esperanza, aparte de poder conversar de una manera amena e
interesante, en la primaria se codearía con la crema y nata de Piedras Negras. Entonces
Esperanza asistió a la mejor escuela, con el objeto de pulir su intelecto. Tita, por su parte, se
encargó de enseñarle algo igual de valioso: los secretos de la vida y del amor a través de la
cocina.
La victoria obtenida sobre Rosaura fue suficiente como para no volver a tener otra fuerte
discusión hasta ahora, en que se había presentado Alex y con él la posibilidad de un
noviazgo. Rosaura enfureció al ver que Pedro y Tita apoyaban incondicionalmente a
Esperanza. Por todos los medios a su alcance luchó como una leona para defender lo que por
tradición le correspondía: una hija que velara por ella hasta la muerte. Gritó, pateó, vociferó,