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por las elevadas cumbres.
Otros, cruzando a nado,
cortan las olas del mar.
Otros van volando y flotan.
Todos en busca de vida,
en busca de tierras lejanas,
de estrellas acogedoras,
de gracia y serenidad.
MEFISTÓFELES
¡Duerme! ¡Muy bien, tiernos hijos del aire! ¡Lo habéis arrullado a conciencia! Estoy en deuda con
vosotros por este concierto. -¡Todavía no eres el hombre indicando para retener al demonio!- ¡Seducidlo
con dulces formas oníricas, hundidlo en un mar de delirios! Mas, para romper el hechizo del umbral,
requiero el diente de un ratón... Aunque no habré de conjurarlo mucho tiempo; ya oigo deslizarse a uno y
pronto me escuchará.
El señor de las ratas y los ratones, de las moscas, ranas, chinches y piojos, te manda que te atrevas a
salir y roas ese umbral tan rápido como si rezumara aceite. Ya veo que sales. ¡Manos a la obra! El pico
que me retenía era el de la esquina de delante. ¡Otro mordisco más y ya está hecho! -Fausto, sigue
soñando hasta que nos volvamos a ver.
FAUSTO
(Despertando.)
Entonces, ¿he sido engañado otra vez? ¿Se disipa así la fuerza de tantos espíritus? ¿Acaso fue una
mentira, un sueño, que viniera un demonio y que un perro se me escapara?
GABINETE DE ESTUDIO
FAUSTO
¿Llaman? ¡Adelante! ¿Quién querrá incordiarme?
MEFISTÓFELES
Soy yo.
FAUSTO
¡Adelante!
MEFISTÓFELES
Lo habrás de decir tres veces.
FAUSTO
¡Adelante, pues!
MEFISTÓFELES
Así es como me gusta que seas. Confío en que nos toleremos. Para disipar tu mal humor he venido aquí
vestido de hidalgo, con traje rojo, bordado en oro, con esclavina de tersa seda, una pluma de gallo en el
sombrero y una daga larga y afilada. Y ahora te recomiendo que, sin más dilación, te vistas igual para
que, una vez liberado, experimentes lo que es la vida.
FAUSTO
Con cualquier traje sufriré la pena de las estrecheces de la vida terrenal. Soy demasiado viejo para
limitarme a jugar y demasiado joven para morir sin deseos. ¿Qué podrá ofrecerme el mundo?
«¡Renuncia, tienes que renunciar!». He aquí el precepto que continuamente resuena en nuestro oído y
que cada hora repite con ronca y acompasada voz. Por la mañana me despierto sobresaltado, y con razón
podría llorar amargamente al ver que el nuevo día sigue con rapidez su camino sin dejar satisfecho
ninguno de mis deseos; al ver que con su curso ahoga toda esperanza de felicidad, y que, con la ayuda de
los ridículos y cómicos actos de la vida, hace desaparecer cuantas agradables creaciones buscan un
albergue en mi mente. Después, al llegar la noche, me acuesto con desasosiego ni aun allí puedo des-
cansar, e incluso me llenan de espanto pesados y horrorosos sueños. El espíritu que reina en mi interior
puede conmover profundamente mi ser; no obstante, a pesar de que tiene imperio sobre todas mis
fuerzas, no puede hacerlas obrar en el exterior: por eso me he convencido de que vivir es una pesada
carga, por eso deseo la muerte y aborrezco la vida.
MEFISTÓFELES
Y sin embargo, en aquella noche hubo alguien que no se bebió la pócima color marrón.
FAUSTO
Parece que te gusta el fisgoneo.