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Riviére), Londres, The Hogarth Press, 1953, pág. 68. ) Para Freud, la
experiencia del amor fraterno es un producto del amor sexual, pero
en el cual el instinto sexual se transforma en un impulso con
«finalidad inhibida». «Originalmente, el amor con una finalidad
inhibida estaba sin duda lleno de amor sensual, y lo sigue estando
aún en el inconsciente del hombre.» (Ibídem, pág. 69.) En lo que
atañe al sentimiento de fusión, de unidad («sentimiento oceánico»),
que constituye la esencia de la experiencia mística y la raíz de la más
intensa sensación de unión con otra persona o con nuestros
semejantes, Freud lo interpreta como un fenómeno patológico, como
una regresión a un estado de temprano «narcisismo ilimitado».(
Ibídem, pág. 21.)
Freud está sólo a un paso de afirmar que el amor es en sí mismo un
fenómeno irracional. Para él no existe diferencia entre el amor
irracional y el amor como una expresión de la personalidad madura.
En un trabajo sobre el amor transferencial (Freud, Gesamte Werke,
Londres, 1940-52, Vol. X.), señaló que éste no difiere esencialmente
del fenómeno «normal» del amor. Enamorarse linda siempre con lo
anormal, siempre se acompaña de ceguera a la realidad,
compulsividad, y constituye una transferencia de los objetos
amorosos de la infancia. El amor como fenómeno racional, como
máximo logro de la madurez, no es, para Freud, materia de
investigación, puesto que no tiene existencia real.
Sin embargo, sería un error sobrestimar la influencia de las ideas de
Freud sobre el concepto de que el amor es el resultado de la
atracción sexual, o de que es lo mismo que la satisfacción sexual,
reflejada en el sentimiento consciente. Esencialmente, el nexo causal
siguió la dirección opuesta. Las ideas de Freud sufrieron en parte la
influencia del espíritu del siglo diecinueve, en parte se hicieron
populares a través de las tendencias predominantes en los años que
siguieron a la Primera Guerra Mundial. Algunos de los factores que
influyeron tanto sobre el concepto popular como sobre el freudiano,
fueron, en primer término, una reacción contra las estrictas normas
de la era victoriana. El segundo factor determinante de las teorías de
Freud reside en el concepto de hombre prevaleciente, concepto que
se basa en la estructura del capitalismo. A fin de demostrar que el
capitalismo corresponde a las necesidades naturales del hombre,
había que probar que el hombre era por naturaleza competitivo y
hostil a los demás. Mientras los economistas «demostraban» esto en
función del insaciable deseo de beneficios económicos, y los
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