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propio poder de pensamiento, observación y juicio. Al tiempo que la
fe irracional es la aceptación de algo como verdadero sólo porque así
lo afirma una autoridad o la mayoría, la fe racional tiene sus raíces en
una convicción independiente basada en el propio pensamiento y
observación productivos, a pesar de la opinión de la mayoría.
El pensamiento y el juicio no constituyen el único dominio de la
experiencia en el que se manifiesta la fe racional. En la esfera de las
relaciones humanas, la fe es una cualidad indispensable de cualquier
amistad o amor significativos. «Tener fe» en otra persona significa
estar seguro de la confianza e inmutabilidad de sus actitudes
fundamentales, de la esencia de su personalidad, de su amor. No me
refiero aquí a que una persona no pueda modificar sus opiniones,
sino a que sus motivaciones básicas son siempre las mismas; que,
por ejemplo, su respeto por la vida y la dignidad humanas sea parte
de ella, no algo tornadizo.
En igual sentido, tenemos fe en nosotros mismos. Tenemos
conciencia de la existencia de un yo, de un núcleo de nuestra
personalidad que es inmutable y que persiste a través de nuestra
vida, no obstante las circunstancias cambiantes y con independencia
de ciertas modificaciones de nuestros sentimientos y opiniones. Ese
núcleo constituye la realidad que sustenta a la palabra «yo», la
realidad en la que se basa nuestra convicción de nuestra propia
identidad. A menos que tengamos fe en la persistencia de nuestro yo,
nuestro sentimiento de identidad se verá amenazado y nos haremos
dependientes de otra gente, cuya aprobación se convierte entonces
en la base de nuestro sentimiento de identidad. Sólo la persona que
tiene fe en sí misma puede ser fiel a los demás, pues sólo ella puede
estar segura de que será en el futuro igual a lo que es hoy y, por lo
tanto, de que sentirá y actuará como ahora espera hacerlo. La fe en
uno mismo es una condición de nuestra capacidad de prometer, y
puesto que, como dice Nietzsche, el hombre puede definirse por su
capacidad de prometer, la fe es una de las condiciones de la
existencia humana. Lo que importa en relación con el amor es la fe
en el propio amor; en su capacidad de producir amor en los demás, y
en su confianza.
Otro aspecto de la fe en otra persona refiérese a la fe que tenemos
en las potencialidades de los otros. La forma más rudimentaria en
que se manifiesta es la fe que tiene la madre en su hijo recién nacido:
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