Un retoño de palmera, a la altura del codo de Ralph, se inclinaba hacia la laguna. En
realidad, su peso había comenzado a levantar el débil suelo y estaba a punto de caer.
Ralph arrancó el tallo y con él agitó el agua mientras los brillantes peces huían por todos
lados. Piggy se inclinó peligrosamente.
- ¡Ten cuidado! Lo vas a romper...
- ¡Calla la boca!
Ralph lo dijo distraídamente. El caracol resultaba interesante y bonito y servía para
jugar; pero las animadas quimeras de sus ensueños se interponían aún entre él y Piggy,
que apenas si existía para él en aquel ambiente. El tallo, doblándose, empujó el caracol
fuera de las hierbas. Con una mano como palanca, Ralph presionó con la otra hasta que
el caracol salió chorreando y Piggy pudo alcanzarlo.
El caracol ya no era algo que se podía ver, pero no tocar, y también Ralph se sintió
excitado. Piggy balbuceaba:
-...una caracola; carísimas. Te apuesto que habría que pagar un montón de libras por
una de esas. La tenía en la tapia del jardín y mi tía...
Ralph le quitó la caracola y sintió correr por su brazo unas gotas de agua. La concha
tenía un color crema oscuro, tocado aquí y allá con manchas de un rosa desvanecido.
Casi medio metro medía desde la punta horadada por el desgaste hasta los labios
rosados de su boca, levemente curvada en espiral y cubierta de un fino dibujo en relieve.
Ralph sacudió la arena del interior.
-...mugía como una vaca - siguió - y además tenía unas piedras blancas y una jaula con
un loro verde. No soplaba las piedras, claro, pero me dijo...
Piggy calló un segundo para tomar aliento y acarició aquella cosa reluciente que tenía
Ralph en las manos.
- ¡Ralph!
Ralph alzó los ojos,
- Podemos usarla para llamar a los otros. Tendremos una reunión. En cuanto nos oigan
vendrán... Miró con entusiasmo a Ralph.
- ¿Eso es lo que habías pensado, verdad? ¿Por eso sacaste la caracola del agua, no?
Ralph se echó hacia atrás su pelo rubio. - ¿Cómo soplaba tu amigo la caracola?
- Escupía o algo así - dijo Piggy -. Mi tía no me dejaba soplar por el asma. Dijo que
había que soplar con esto - Piggy se llevó una mano a su prominente abdomen -. Trata de
hacerlo, Ralph. Avisa a los otros.
Ralph, poco seguro, puso el extremo más delgado de la concha junto a la boca y sopló.
Salió de su boca un breve sonido, pero eso fue todo. Se limpió de los labios el agua
salada y lo intentó de nuevo, pero la concha permaneció silenciosa.
- Escupía o algo así.
Ralph juntó los labios y lanzó un chorro de aire en la caracola, que contestó con un
sonido hondo, como una ventosidad. Los dos muchachos encontraron aquello tan
divertido que Ralph siguió soplando en la caracola durante un rato, entre ataques de risa.
- Mi amigo soplaba con esto.
Ralph comprendió al fin y lanzó el aire desde el diafragma. Aquello empezó a sonar al
instante. Una nota estridente y profunda estalló bajo las palmeras, penetró por todos los
resquicios de la selva y retumbó en el granito rosado de la montaña. De las copas de los
árboles salieron nubéculas de pájaros y algo chilló y corrió entre la maleza. Ralph apartó
la concha de sus labios.
- ¡Qué bárbaro!
Su propia voz pareció un murmullo tras la áspera nota de la caracola. La apretó contra
sus labios, respiró fuerte y volvió a soplar. De nuevo estalló la nota y, bajo un impulso más
fuerte, subió hasta alcanzar una octava y vibró como una trompeta, con un clamor mucho
más agudo todavía. Piggy, alegre su rostro y centelleantes las gafas, gritaba algo.