- ¡Entonces no pudo verla! Risas y aplausos.
- ¿Habéis oído? Dice que vio esa cosa de noche...
- Sigue diciendo que la vio. Vino, y luego se fue, y volvió, y quería comerle...
- Estaba soñando.
Ralph, entre risas, recorrió con su mirada el anillo de rostros en busca de asentimiento.
Los mayores estaban dé acuerdo; pero aquí y allá, entre los pequeños, quedaba el resto
de duda que necesita algo más que una garantía racional.
- Tuvo una pesadilla. Por haber andado entre todas esas trepadoras.
De nuevo, un serio asentir; sabían muy bien lo que eran las pesadillas.
- Dice que vio esa fiera, como una serpiente, y quiere saber si esta noche va a volver.
- ¡Pero si no hay ninguna fiera!
- Dice que por la mañana se transformó en una de esas cosas de los árboles que son
como cuerdas y que se cuelga de las ramas. Pregunta si volverá está noche.
- ¡Pero si no hay ninguna fiera!
Ya no había rastro alguno de risas, sino una atención más preocupada.
Ralph, divertido y exasperado a la vez, se pasó ambas manos por el pelo y miró al niño
Jack asió la caracola.
- Ralph tiene razón, eso desde luego. No hay ninguna serpiente. Pero si hay una
serpiente la cazaremos y la mataremos. Vamos a cazar cerdos para traer carne a todos. Y
también buscaremos la serpiente esa...
- ¡Pero si no hay ninguna serpiente!
- Lo sabremos seguro cuando vayamos a cazar.
Ralph se sintió molesto y, por un momento, vencido. Sintió que se había enfrentado
con algo inasequible. Los ojos que le miraban con tanta atención habían perdido su
alegría.
- ¡Pero si no hay ninguna fiera!
Una reserva de energía que no sospechaba escondida en él se avivó y le forzó a
insistir de nuevo y con más fuerza.
- ¡Pero si os digo que no hay ninguna fiera!
La asamblea permaneció en silencio. Ralph alzó la caracola una vez más y recobró el
buen humor al pensar en lo que aún tenía que decir.
- Ahora llegamos a lo más importante. He estado pensando. Pensaba mientras
escalábamos la montaña - lanzó a los otros dos una mirada de connivencia - y ahora aquí,
en la playa. Esto es lo que he pensado. Queremos divertirnos. Y queremos que nos
rescaten.
El apasionado rumor de conformidad que brotó de la asamblea le golpeó con la fuerza
de una ola y él se perdió. Pensó de nuevo.
- Queremos que nos rescaten; y, desde luego, nos van a rescatar.
Creció el murmullo. Aquella declaración tan sencilla, sin otro respaldo que la fuerza de
la nueva autoridad de Ralph, les trajo claridad y dicha. Tuvo que agitar la caracola en el
aire para hacerse oír.
- Mi padre está en la Marina. Dice que ya no quedan islas desconocidas. Dice que la
Reina tiene un cuarto enorme lleno de mapas y que todas las islas del mundo están
dibujadas allí. Así que la Reina tiene dibujada esta isla.
De nuevo se oyó el rumor de la alegría y el optimismo.
- Y antes o después pasará por aquí algún barco. Hasta podría ser el barco de papá.
Así que ya lo sabéis. Antes o después vendrán a rescatarnos.
Tras aclarar su argumento, se detuvo. La asamblea se vio alzada a un lugar seguro por
sus palabras. Sentían simpatía y ahora respeto hacia él. Le aplaudieron espontáneamente
y pronto la plataforma entera resonó con los aplausos. Ralph se sonrojó al observar de
costado la abierta admiración de Piggy y al otro lado a Jack, que sonreía con afectación y
demostraba que también él sabía aplaudir.