Aguardó un momento, esbozando el próximo punto a tratar.
- Y otra cosa.
- Son demasiadas cosas - gritó alguien. Hubo un murmullo de asentimiento. Ralph
impuso el silencio.
- Y otra cosa. Por poco prendemos fuego a toda la isla. Y perdemos demasiado tiempo
rodando piedras y haciendo fueguecitos para guisar. Ahora os voy a decir una cosa, y va
a ser una regla, porque para eso soy jefe. No habrá más hogueras que la de la montaña.
Jamás.
Al instante se produjo un tumulto. Algunos muchachos se pusieron de pie a gritar
mientras Ralph les contestaba con otros gritos.
- Porque si queréis una hoguera para cocer pescado o cangrejos no os va a pasar nada
por subir hasta la montaña. Así podremos estar seguros.
A la luz del sol poniente, una multitud de manos reclamaban la caracola. Ralph la
apretó contra su cuerpo y de un brinco se subió al tronco.
- Eso era todo lo que os quería decir. Y ya está dicho. Me votasteis para jefe, así que
tenéis que hacer lo que yo diga.
Se fueron calmando poco a poco hasta volver por fin a sus asientos. Ralph saltó al
suelo y les habló con su voz normal.
- Así que no lo olvidéis. Las rocas son los retretes. Hay que mantener vivo el fuego
para que el humo sirva de señal. No se puede bajar lumbre de la montaña; subid allí la
comida.
Jack, con semblante ceñudo bajo la penumbra, se levantó y tendió los brazos.
- Todavía no he terminado.
- ¡Pero si no has hecho más que hablar y hablar!
- Tengo la caracola.
Jack se sentó refunfuñando.
- Y ya lo último. Esto lo podemos discutir si queréis. Aguardó hasta que en la
plataforma reinó un silencio total.
- Las cosas no marchan bien. No sé por qué. Al principio estábamos bien; estábamos
contentos. Luego...
Movió la caracola suavemente, mirando hacia lo lejos, sin fijarse en nada, acordándose
de la fiera, de la serpiente, de la hoguera, de las alusiones al miedo.
- Luego la gente empezó a asustarse.
Un murmullo,.casi un gemido, surgió y desapareció. Jack había dejado de afilar el palo.
Ralph continuó bruscamente:
- Pero esas cosas son chiquilladas. Eso ya lo arreglaremos. Así que, lo último, la parte
que podemos discutir, es ver si decidimos algo sobre el miedo.
El pelo le volvía a caer sobre los ojos.
- Tenemos que hablar de ese miedo y convencernos de que no hay motivo. Yo también
me asusto a veces, ¡pero ésas son tonterías! Como los fantasmas. Luego, cuando nos
hayamos convencido, podremos empezar de nuevo y tener cuidado de cosas como la
hoguera.
La imagen de tres muchachos paseando por la alegre playa cruzó su mente.
- Y ser felices.
Con gran ceremonia colocó Ralph Ja caracola sobre el tronco como señal de que el
discurso había acabado. La escasa luz solar les llegaba horizontalmente.
Jack se levantó y cogió la caracola.
- De modo que ésta es una reunión para arreglar las cosas. Pues yo os diré lo que hay
que arreglar. Los peques sois los que habéis empezado todo esto, con tanto hablar del
miedo. ¡Fieras! ¿De dónde iban a venir? Pues claro que nos entra miedo a veces, pero
nos aguantamos. Ralph dice que chilláis durante la noche. Eso no son más que