- A no ser que... Ralph se movió inquieto.
- A no ser que, ¿qué?
- Que nos dé miedo la gente.
Se oyó un rumor, mitad risa y mitad mofa, entre los muchachos.
Piggy agachó la cabeza y continuó rápidamente:
- Así que vamos a preguntar a ese peque que habló de una fiera y a lo mejor le
podemos convencer de que son tonterías suyas.
Los peques se pusieron a charlar entre sí, hasta que uno de ellos se adelantó unos
pasos.
- ¿Cómo te llamas?
- Phil.
Tenía bastante aplomo para ser uno de los peques; tendió los brazos y meció la
caracola al estilo de Ralph, mirando en torno suyo antes de hablar, para atraerse la
atención de todos.
- Anoche tuve un sueño..., un sueño terrible..., luchaba con algo. Estaba yo solo, fuera
del refugio, y luchaba con algo, con esas cosas retorcidas de los árboles.
Se detuvo y los otros peques rieron con aterrado compañerismo.
- Entonces me asusté y me desperté. Y estaba solo fuera del refugio en la oscuridad y
las cosas retorcidas se habían ido.
El intenso horror de lo que contaba, algo tan posible y tan claramente aterrador, les
mantenía a todos en silencio. La voz del niño siguió trinando desde el otro lado de la
blanca caracola.
- Y me asusté, y empecé a llamar a Ralph, y entonces vi que se movía algo entre los
árboles, una cosa grande y horrible.
Calló, medio asustado por aquel recuerdo, pero orgulloso de la sensación que iba
causando en los demás.
- Eso fue una pesadilla - dijo Ralph -; caminaba dormido.
La asamblea murmuró en tímido acuerdo. El pequeño movió la cabeza
obstinadamente.
- Estaba dormido cuando esas cosas retorcidas luchaban, y cuando se fueron estaba
despierto y vi una cosa grande y horrible que se movía entre los árboles.
Ralph recogió la caracola y el peque se sentó.
- Estabas dormido. No había nadie allí. ¿Cómo iba a haber alguien rondando por la
selva en la noche? ¿Fue alguno de vosotros? ¿Salió alguien?
Hubo una larga pausa mientras la asamblea sonreía ante la idea de alguien
paseándose en la oscuridad. Entonces se levantó Simón, y Ralph le miró estupefacto.
- ¡Tú! ¿Qué tenías que husmear en la oscuridad? Simón, deseoso de acabar de una
vez, arrebató la caracola.
- Quería... ir a un sitio..., a un sitio que conozco.
- ¿Qué sitio?
- A un sitio que conozco. Un sitio en la jungla.
Dudó.
Jack resolvió para ellos la duda con aquel desprecio en su voz capaz de expresar tanta
burla y resolución a la vez:
- Sería un apretón.
Sintiendo la humillación de Simón, Ralph cogió de nuevo la caracola, y al hacerlo le
miró a la cara con severidad.
- No vuelvas a hacerlo. ¿Me oyes? No vuelvas a hacer eso de noche. Ya tenemos
bastantes tonterías con lo de las fieras para que los peques te vean deslizándote por ahí
como un...