Jack fue el primero en hacerse oír. No tenía la caracola y, por tanto, rompía las reglas,
pero a nadie le importó.
- ¿Y qué hay de esa fiera?
Algo raro le ocurría a Percival. Bostezó y se tambaleó de tal modo que Jack le agarró
por los brazos y le sacudió.
- ¿Dónde vive la fiera?
El cuerpo de Percival se escurría inerme.
- Tiene que ser una fiera muy lista - dijo Piggy en guasa - si puede esconderse en esta
isla.
- Jack ha estado por todas partes...
- ¿Dónde podría vivir una fiera?
- ¿Qué fiera ni que ocho cuartos? Percival masculló algo y la asamblea volvió a reír.
Ralph se inclinó.
- ¿Qué dice?
Jack escuchó la respuesta de Percival y después le soltó. El niño, al verse libre y
rodeado de la confortable presencia de otros seres humanos, se dejó caer sobre la tupida
hierba y se durmió:
Jack se aclaró la garganta y les comunicó tranquilamente:
- Dice que la fiera sale del mar.
Se desvaneció la última risa. Ralph, a quien veían como una forma negra y encorvada
frente a la laguna, se volvió sin querer. Toda la asamblea siguió la dirección de su mirada;
contemplaron la vasta superficie de agua y la alta mar detrás, la misteriosa extensión añil
de infinitas posibilidades; escucharon en silencio los murmullos y el susurro del arrecife.
Habló Maurice, en un tono tan alto que se sobresaltaron.
- Papá me ha dicho que todavía no se conocen todos los animales que viven en el mar.
Comenzó de nuevo la polémica. Ralph ofreció la centellante caracola a Maurice, quien
la recibió obedientemente. La reunión se apaciguó.
- Quiero decir que lo que nos ha dicho Jack, que uno tiene miedo porque la gente
siempre tiene miedo, es verdad. Pero eso de que sólo hay cerdos en esta isla supongo
que será cierto, pero nadie puede saberlo, no lo puede saber del todo. Quiero decir que
no se puede estar seguro - Maurice tomó aliento -. Papá dice que hay cosas, esas cosas
que echan tinta, los calamares, que miden cien tos de metros y se comen ballenas
enteras.
De nuevo guardó silencio y rió alegremente.
- Yo no creo que exista esa fiera, claro que no. Como dice Piggy, la vida es una cosa
científica, pero no se puede estar seguro de nada, ¿verdad? Quiero decir, no de) todo.
Alguien gritó:
- ¡Un calamar no puede salir del agua!
- ¡Sí que puede!
- ¡No puede!
Pronto se llenó la plataforma de sombras que discutían y se agitaban. Ralph, que aún
permanecía sentado, temió que todo aquello fuese el comienzo de la locura. Miedo y
fieras... pero no se reconocía que lo esencial era la hoguera, y cuando uno trataba de
aclarar las cosas la discusión se desgarraba hacia un asunto nuevo y desagradable.
Logró ver algo blanco en la oscuridad, cerca de él. Le arrebató la caracola a Maurice y
sopló con todas sus fuerzas. La asamblea, sobresaltada, quedó en silencio. Simón estaba
a su lado, extendiendo las manos hacia la caracola. Sentía una arriesgada necesidad de
hablar, pero hablar ante una asamblea le resultaba algo aterrador.
- Quizá - dijo con vacilación -, quizá haya una fiera. La asamblea lanzó un grito terrible
y Ralph se levantó asombrado.
- ¿Tú, Simón? ¿Tú crees en eso?