- Supongo que no nos estaréis tomando el pelo. La respuesta fue demasiado firme para
que alguien la dudase.
Piggy cogió la caracola.
- ¿No podríamos... quedarnos aquí... y nada más? A lo mejor la fiera no se acerca a
nosotros.
Sólo la sensación de tener algo observándoles evitó que Ralph le gritase.
- ¿Quedarnos aquí? ¿Y estar enjaulados en este trozo de isla, siempre vigilando?
¿Cómo íbamos a conseguir comida? ¿Y la hoguera, qué?
- Vamos - dijo Jack, inquieto -, que estamos perdiendo el tiempo.
- No es verdad. Y además, ¿qué vamos a hacer con los peques?
- ¡Que les den el biberón!
- Alguien se tiene que ocupar de ellos.
- Nadie lo ha hecho hasta ahora.
- ¡Porque no hacía falta! Pero ahora sí. Piggy se ocupará de ellos.
- Eso es. Que Piggy no corra peligro.
- Piensa un poco. ¿Qué puede hacer con un solo ojo? Los demás muchachos miraban
de Jack a Ralph con curiosidad.
- Y otra cosa. No puede ser una cacería como las demás, porque la fiera no deja
huellas. Si lo hiciese ya la habríais visto. No sabemos si saltará por los árboles igual que
hace el animal ese...
Asintieron todos.
- Así que hay que pensar.
Piggy se quitó sus rotas gafas y limpió el único cristal.
- ¿Y qué hacemos nosotros, Ralph?
- No tienes la caracola. Tómala.
- Quiero decir... ¿qué hacemos nosotros si viene la fiera cuando todos os habéis ido?
No veo bien y si me entra el miedo...
Jack le interrumpió desdeñosamente.
- A ti siempre te entra el miedo.
- La caracola la tengo yo...
- ¡Caracola! ¡Caracola! - gritó Jack -. Ya no necesitamos la caracola. Sabemos quiénes
son los que deben hablar. ¿Para qué ha servido que hable Simón, o Bill, o Walter? Ya es
hora de que se enteren algunos que tienen que callarse y dejar que el resto de nosotros
decida las cosas...
Ralph no podía seguir ignorando aquel discurso. Sintió la sangre calentar sus mejillas.
- Tú no tienes la caracola - dijo -. Siéntate.
Jack empalideció de tal modo que sus pecas parecieron verdaderos lunares. Se pasó
la lengua por los labios y permaneció de pie.
- Esta es una tarea para cazadores.
Los demás muchachos observaban atentamente. Piggy, ante la embarazosa situación,
dejó la caracola sobre las piernas de Ralph y se sentó. El silencio se hizo opresivo y Piggy
contuvo la respiración.
- Esto es más que una tarea para cazadores - dijo por fin Ralph -, porque no podéis
seguir las huellas de la fiera. Y, además, ¿es que no queréis que nos rescaten?
Se volvió a la asamblea.
- ¿No queréis todos que nos rescaten? Miró a Jack.
- Ya dije antes que lo más importante es la hoguera. Y ahora ya debe estar apagada.
Le salvó su antigua exasperación, que le dio energías para atacar.
- ¿Es que no hay nadie aquí con un poco de sentido común? Tenemos que volver a
encender esa hoguera. ¿Nunca piensas en eso, verdad Jack? ¿O es que no queréis que
nos rescaten?