Jack se volvió con la cara enrojecida y la barbilla hundida en el pecho. Le atravesó con
la mirada.
- Muy bien - dijo, y su tono indicaba una intención decidida, y una amenaza -, muy bien.
Con una mano apretó la caracola contra su pecho y con la otra cortó el aire.
- ¿Quién cree que Ralph no debe ser el jefe?
Miró con esperanza a los muchachos agrupados en torno suyo, que habían quedado
atónitos. Hubo un silencio absoluto bajo las palmeras.
- Que levanten las manos - dijo Jack con firmeza - los que no quieren que Ralph sea el
jefe.
El silencio continuó, suspenso, grave y avergonzado.
El rostro de Jack fue perdiendo color poco a poco, para recobrarlo después en un brote
doloroso. Se mordió los labios y volvió la cabeza a un lado, evitando a sus ojos el
bochorno de unirse a la mirada de otro.
- ¿Cuántos creen...?
Su voz cedió. Las manos que sostenían la caracola temblaron. Tosió y alzó la voz:
- Muy bien.
Con extremado cuidado dejó la caracola en la hierba, a sus pies. Lágrimas de
humillación corrían de sus ojos.
- No voy a seguir más este juego. No con vosotros.
La mayoría de los muchachos habían bajado la vista,
fijándola en la hierba o en sus pies. Jack volvió a toser.
- No voy a seguir en la pandilla de Ralph... Recorrió con la mirada los troncos a su
derecha, contando los cazadores que una vez fueron coro.
- Me voy por mi cuenta. Que atrape él sus cerdos. Si alguien quiere cazar conmigo,
puede venir también.
Con pasos torpes salió del triángulo, hacia el escalón que llevaba hasta la blanca
arena.
- ¡Jack!
Jack se volvió y miró a Ralph. Calló por un momento y luego lanzó un grito estridente y
furioso:
-... ¡No!
Saltó de la plataforma y corrió por la playa sin hacer caso de las copiosas lágrimas que
iba derramando; Ralph le siguió con la mirada hasta que se adentró en el bosque.
Piggy estaba indignado.
- Yo venga a hablarte, Ralph, y tú ahí parado, como... Ralph miró a Piggy sin verle y se
habló a sí mismo quedamente:
- Volverá. Cuando el sol se ponga, volverá. Vio la caracola en las manos de Piggy.
- ¿Qué?
- ¡Pues eso!
Piggy abandonó la intención de reprender a Ralph. Volvió a limpiar su lente hasta
hacerla relucir y volvió a su tema.
- No necesitamos a Jack Merridew. No es el único en esta isla. Pero ahora que
tenemos una fiera de verdad, aunque no puedo casi creerlo, vamos a tener que
quedarnos cerca de la plataforma a todas horas; y ya no nos van a servir de mucho ni él
ni su caza. Así que ahora podremos decidir de una vez lo que hay que hacer.
- Es inútil, Piggy. No podemos hacer nada.
Permanecieron sentados durante unos momentos en abatido silencio. Se levantó
Simón de pronto y le quitó la caracola a Piggy, quien se vio tan sorprendido que no tuvo
tiempo para reaccionar. Ralph alzó los ojos hacia Simón.
- ¿Simón? ¿Qué quieres ahora? Un apagado rumor de risas recorrió el círculo entero y
perturbó visiblemente a Simón.
- Creo que hay algo que podríamos hacer. Algo que nosotros...