cobrarían en la oscuridad. Trabajaron, pues, con gran animación y alegría, aunque a
medida que pasaba el tiempo podían advertirse indicios de pánico en aquella animación y
de histeria en la alegría. Levantaron una pirámide de hojas y palos, de ramas y troncos,
sobre la desnuda arena contigua a la plataforma. Por vez primera en la isla, Piggy se quitó
sus gafas sin pedírselo nadie, se arrodilló y enfocó el sol sobre la leña. Pronto tuvieron un
techo de humo y un abanico de llamas amarillas.
Los pequeños, que desde la primera catástrofe habían visto muy pocas hogueras, se
excitaron, saltando de alegría. Bailaron, cantaron y la reunión cobró un aire de fiesta.
Ralph dio al fin por terminado el trabajo y se levantó, enjugándose el sudor de la cara
con un sucio brazo.
- Tiene que ser una hoguera mas pequeña. Esta es demasiado grande para poder
mantenerla viva.
Piggy se sentó con cuidado en la arena y se dispuso a limpiar su lente.
- ¿Por qué no hacemos un experimento? Podíamos intentar hacer una hoguera
pequeña con un fuego muy fuerte, y luego le echamos ramas verdes para que salga
humo. Seguro que algunas hojas son mejores que otras para el humo.
Al apagarse la hoguera, se apagó con ella la excitación de los muchachos. Los
pequeños abandonaron su baile y su canto y se alejaron hacia el mar, o a los frutales, o a
los refugios.
Ralph se dejó caer sobre la arena.
- Tendremos que hacer una nueva lista para ver quién se ocupa del fuego.
- Si es que encuentras a alguien.
Miró en torno suyo. Advirtió entonces por vez primera qué pocos eran en realidad los
chicos mayores y comprendió por qué había resultado tan arduo el trabajo.
- ¿Dónde está Maurice? Piggy volvió a frotar su lente.
- Supongo que... no, no se metería solo en el bosque, ¿verdad?
Ralph se puso en pie de un salto, corrió alrededor de la hoguera y se detuvo junto a
Piggy, apartándose la melena con las manos.
- ¡Pero es que necesitamos una lista! Estamos tú y yo y Samyeric y...
Con voz normal, pero sin atreverse a mirar a Piggy, preguntó:
- ¿Dónde están Bill y Roger?
Piggy se agachó y arrojó un trozo de leña al fuego.
- Supongo que se han ido. Supongo que ellos tampoco van a jugar con nosotros.
Ralph volvió a sentarse y se entretuvo abriendo con los dedos orificios en la arena. Se
sorprendió al ver una gota de sangre junto a uno de ellos. Se miró con atención la uña
mordida y vio otra gota de sangre que se formaba sobre la piel desgarrada.
Siguió hablando Piggy.
- Les vi salir a escondidas cuando estábamos recogiendo leña. Se fueron por allá, por
el mismo camino que tomó él.
Ralph acabó su examen y alzó los ojos. El cielo parecía distinto aquel día, como en
atención a los grandes cambios Ocurridos entre ellos, y estaba tan brumoso que en
algunas partes el cálido aire parecía blanco. El disco del sol era de un plata plomizo, con
lo que parecía más cercano y menos ardiente, y, sin embargo, el aire sofocaba.
- Siempre nos han estado creando problemas, ¿verdad?
Aquella voz le llegaba desde muy cerca, desde su hombro, y parecía inquieta.
- No les necesitamos. Estaremos más contentos ahora, ¿a que sí?
Ralph se sentó. Llegaron los mellizos con un gran tronco a rastras y sonriendo
triunfalmente. Soltaron el tronco sobre los rescoldos y una lluvia de chispas salpicó el aire.
- Nos las arreglaremos por nuestra cuenta, ¿verdad?
Durante largo rato, mientras el tronco se secaba, prendía y ardía, Ralph permaneció
sentado en la arena sin decir nada. No vio a Piggy acercarse a los mellizos y murmurarles
algo; ni vio tampoco a los tres muchachos adentrarse en el bosque.