después de lo que había sucedido, incluso al mirar con su ojo bueno, Ralph seguía siendo
inconfundiblemente Ralph. Salía del área de los cocoteros cojeando, sucio, con hojas
secas prendidas de los mechones rubios; uno de sus ojos era una rendija abierta en la
hinchada mejilla; en su rodilla derecha se había formado una gran costra. Ralph se detuvo
un momento y miró a la figura que se encontraba en la plataforma.
- ¿Piggy? ¿Estás solo?
- Están algunos de los peques,
- Esos no cuentan. ¿No está ninguno de los mayores?
- Bueno... Samyeric. Están cogiendo leña.
- ¿No hay nadie más?
- Que yo sepa, no.
Ralph se subió con cuidado a la plataforma. La hierba estaba aún agostada allí donde
solía reunirse la asamblea; la frágil caracola blanca brillaba junto al pulido asiento. Ralph
se sentó en la hierba, frente al sitio del jefe y la caracola. A su izquierda se arrodilló Piggy
y durante algún tiempo los dos permanecieron en silencio. Por fin Ralph carraspeó y
murmuró algo.
- ¿Qué has dicho? - murmuró Piggy a su vez. Ralph alzó la voz:
- Simón.
Piggy no dijo nada, pero sacudió la cabeza con seriedad. Siguieron allí sentados,
contemplando con su mermada visión el asiento del jefe y la resplandeciente laguna. La
luz verde y las brillantes manchas del sol jugueteaban sobre sus cuerpos sucios.
Al cabo de un rato Ralph se levantó y se acercó a la caracola. La cogió, en una caricia,
con ambas manos y se arrodilló reclinado contra un tronco.
- Piggy
- ¿Eh?
- ¿Qué vamos a hacer?
Piggy señaló la caracola con un movimiento de cabeza.
- Podías...
- ¿Convocar una asamblea?
Ralph lanzó una carcajada al pronunciar aquella palabra y Piggy frunció el ceño.
- Sigues siendo el Jefe. Ralph volvió a reír.
- Lo eres. De todos nosotros.
- Tengo la caracola.
- ¡Ralph! Deja de reír así. ¡Venga, Ralph, no hagas eso! ¿Qué van a pensar los otros?
Por fin se detuvo Ralph. Estaba temblando.
- Piggy
- ¿Eh?
- Era Simon.
- Eso ya lo has dicho.
- Piggy
- ¿Eh?
- Fue un asesinato.
- ¿Te quieres callar? - dijo Piggy con un chillido -. ¿Qué vas a sacar con decir esas
cosas?
De un salto se puso en pie y se acercó a Ralph.
- Estaba todo oscuro. Y luego ese... ese maldito baile. Y los relámpagos y truenos,
además, y la lluvia. ¡Estábamos asustados!
- Yo no estaba asustado - dijo Ralph despacio -. Estaba... no sé cómo estaba.
- ¡Estábamos asustados! - dijo Piggy excitado - •. Podía haber pasado cualquier cosa.
No fue... eso que tú has dicho.
Gesticulaba, en busca de una fórmula.
- ¡Por favor, Piggy!