539 Y quien, sin haber sido herido de cerca o de lejos por el agudo bronce, hubiera
recorrido el campo, llevado de la mano y protegido de las saetas por Palas Atena, no
habría baldonado los hechos de armas; pues aquel día gran número de troyanos y de
aqueos yacían, unos junto a otros, caídos de cara al polvo.
CANTO V
*
Principalía de Diomedes
* Entre los primeros, los aqu eos, destaca Diomedes, siendo capaz de hacer huir a los mismísimos dioses
Ares y Afrodita.
1 Entonces Palas Atenea infundió a Diomedes Tidida valor y audacia, para que brillara
entre todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, a hizo salir de su casco y de su escudo
una incesante llama parecida al astro que en otoño luce y centellea después de bañarse en
el Océano. Tal resplandor despedían la cabeza y los hombros del héroe, cuando Atenea lo
llevó al centro de la batalla, allí donde era mayor el número de guerreros que
tumultuosamente se agitaban.
9 Hubo en Troya un varón rico a irreprensible, sacerdote de Hefesto, llamado Dares; y
de él eran hijos Fegeo a Ideo, ejercitados en toda especie de combates. Éstos iban en un
mismo carro; y, separándose de los suyos, cerraron con Diomedes, que desde tierra y en
pie los aguardó. Cuando se hallaron frente a frente, Fegeo tiró el primero la luenga lanza,
que pasó por cima del hombro izquierdo del Tidida sin herirlo; arrojó éste la suya y no
fue en vano, pues se la clavó a aquél en el pecho, entre las tetillas, y lo derribó por tierra.
Ideo saltó al suelo, desamparando el magnífico carro, sin que se atreviera a defender el
cadáver de su hermano -no se hubiese librado de la negra muerte-, y Hefesto lo sacó
o, envolviéndolo en densa nube, a fin de que el anciano padre no se afligiera en
demasía. El hijo del magnánimo Tideo se apoderó de los corceles y los entregó a sus
compañeros para que los llevaran a las cóncavas naves. Cuando los altivos troyanos
que uno de los hijos de Dares huía y el otro quedaba muerto entre los carros, a
todos se les conmovió el corazón. Y Atenea, la de ojos de lechuza, tomó por la mano al
furibundo Ares y le habló diciendo:
¡Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado de homicidios, demoledor de
murallas! ¿No dejaremos que troyanos y aqueos peleen solos -sean éstos o aquéllos a
quienes el padre Zeus quiera dar gloria- y nos retiraremos, para librarnos de la cólera de
35 Dicho esto, sacó de la liza al furibundo Ares y lo hizo sentar en la herbosa ribera del
Escamandro. Los dánaos pusieron en fuga a los troyanos, y cada uno de sus caudillos
mató a un hombre. Empezó el rey de hombres, Agamenón, con derribar del carro al
corpulento Odio, caudillo de los halizones; al volverse para huir, envasóle la pica en la
espalda, entre los hombros, y la punta salió por el pecho. Cayó el gue rrero con estrépito y
sus armas resonaron.
43 Idomeneo quitó la vida a Festo, hijo de Boro el meonio, que había llegado de la fértil
hiriéndolo con la formidable lanza en el hombro derecho, cuando subía al carro:
desplomóse Festo, tinieblas horribles to envolvieron y los servidores de Idomeneo lo
despojaron de la armadura.
49 El Atrida Menelao mató con la aguda pica a Escamandrio, hijo de Estrofio,
ejercitado en la caza. A tan excelente cazador la misma Ártemis le había enseñado a tirar
a cuantas fieras crían las selvas de los montes. Mas no le valió ni Ártemis, que se
complace en tirar flechas, ni el arte de arrojarlas en que tanto descollaba: tuvo que huir, y