dose llevar por su ánimo, vistió las lucientes armas y libró del funesto día a los
etolios; pero ya no le dieron los muchos y hermosos presentes, a pesar de haberlos
de la ruina. Y ahora tú, amigo, no pienses de igual manera, ni un dios te induzca
a obrar así; será peor que difieras el socorro para cuando las naves sean incendiadas; ve,
pues, por los regalos, y los aqueos te venerarán como a un dios, porque, si intervinieres
en la homicida guerra cuando ya no te ofrezcan dones, no alcanzarás tanta honra aunque
rechaces a los enemigos.
606 Respondióle Aquiles, el de los pies ligeros:
¡Fénix, anciano padre, alumno de Zeus! Para nada necesito tal honor; y espero
e, si Zeus quiere, seré honrado en las cóncavas naves mientras la respiración no falte a
mi pecho y mis rodillas se muevan. Otra cosa voy a decirte, que grabarás en tu memoria:
No me conturbes el ánimo con llanto y gemidos por complacer al héroe Atrida, a quien
bes querer si deseas que el afecto que te profeso no se convierta en odio; mejor es
que aflijas conmigo a quien me aflige. Ejerce el mando conmigo y comparte mis honores.
Ésos llevarán la respuesta, tú quédate y acuéstate en blanda cama, y al despuntar la aurora
determinaremos si nos conviene regresar a nuestros hogares o quedarnos aquí todavía.
620 Dijo, y ordenó a Patroclo, haciéndole con las cejas silenciosa señal, que dispusiera
una mullida cama para Fénix, a fin de que los demás pensaran en salir cuanto antes de la
tienda. Y Ayante Telamoníada, igual a un dios, habló diciendo:
¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Ulises, fecundo en ardides! ¡Vámonos! No espero
lograr nuestro propósito por este camino, y hemos de anunciar la respuesta, aunque sea
desfavorable, a los dánaos que están aguardando. Aquiles tiene en su pecho un corazón
feroz y soberbio. ¡Cruel! En nada aprecia la amistad de sus compañeros, con la cual lo
honrábamos en el campamento más que a otro alguno. ¡Despiadado! Por la muerte del
hermano o del hijo se recibe una compensación; y, una vez pagada la importante
cantidad, el matador se queda en el pueblo, y el corazón y el ánimo airado del ofendido se
apaciguan con la compensación recibida, y a ti los dioses te han llenado el pecho de
implacable y funesto rencor por una sola joven. Siete excelentes te ofrecemos hoy y otras
muchas cosas; séanos tu corazón propicio y respeta tu morada, pues estamos debajo de tu
cho, enviados por el ejército dánao, y anhelamos ser para ti los más apreciados y los
más amigos de los aqueos todos.
643 Respondióle Aquiles, el de los pies ligeros:
¡Ayante Telamonio, del linaje de Zeus, príncipe de hombres! Creo que has dicho
lo que sientes, pero mi corazón se enciende en ira cuando me acuerdo de aquéllos y del
menosprecio con que el Atrida me trató en presencia de los argivos, cual si yo fuera un
miserable advenedizo. Id y publicad mi respuesta: No me ocuparé en la cruenta guerra
ta que el hijo del aguerrido Príamo, Héctor divino, llegue matando argivos a las
tiendas y naves de los mirmidones y las incendie. Creo que Héctor, aunque esté
enardecido, se abstendrá de combatir tan pronto como se acerque a mi tienda y a mi negra
656 Así dijo. Cada uno tomó una copa de doble asa; y, he cha la libación, los enviados,
con Ulises a su frente, regresaron a las naves. Patroclo ordenó a sus compañeros y a las
esclavas que aderezaran al momento una mullida cama para Fénix; y ellas, obedeciendo
el mandato, hiciéronla con pieles de oveja una colcha y finísima cubierta del mejor lino.
Allí descansó el viejo, aguardando la divina Aurora. Aquiles durmió en lo más retirado de
la sólida tienda con una mujer que se había llevado de Lesbos: con Diomede, hija de
Forbante, la de hermosas mejillas. Y Patroclo se acostó junto a la pared opuesta, teniendo
a su lado a Ifis, la de bella cintura, que le había regalado Aquiles al tomar la excelsa
Esciro, ciudad de Enieo.