370 Tente, o te alcanzará mi lanza; y no creo que pue das evitar mucho tiempo que mi
mano te dé una muerte terible.
372 Dijo, y arrojó la lanza; mas de intento erró el tiro, y ésta se clavó en el suelo
después de volar por cima del hombro derecho de Dolón. Paróse el troyano dentellando
los dientes crujíanle en la boca-, tembloroso y pálido de miedo; Ulises y Diomedes se le
acercaron, jadeantes, y le asieron de las manos, mientras aquél lloraba y les decia:
Hacedme prisionero y yo me redimiré. Hay en casa bronce, oro y hierro labrado:
con ellos os pagaría mi padre inmenso rescate, si supiera que estoy vivo en las naves
382 Respondióle el ingenioso Ulises:
Tranquilízate y no pienses en la muerte. Ea, habla y dime con sinceridad: ¿Adónde
ibas solo, separado de tu ejército y derechamente hacia las naves, en esta noche obscura,
mientras duermen los demás mortales? ¿Acaso a despojar a algún cadáver? ¿Por ventura
Héctor te envió como espía a las cóncavas naves? ¿O te dejaste llevar por los impulsos de
razón?
390 Contestó Dolón, a quien le temblaban las carnes:
Héctor me hizo salir fuera de juicio con muchas y perniciosas promesas: accedió a
darme los solípedos corceles y el carro con adornos de bronce del eximio Pelión, para
que, acercándome durante la rápida y obscura noche a los enemigos, averiguase si las
veleras naves son guardadas todavía, o los aqueos, vencidos por nuestras manos, piensan
en la fuga y no quieren velar porque el cansancio abrumador los rinde.
400 Díjole sonriendo el ingenioso Ulises:
Grande es el presente que tu corazón anhelaba. ¡Los corceles del aguerrido
Eácida! Difícil es que ninguno de los mortales los sujete y sea por ellos llevado, fuera de
Aquiles, que tiene una madre inmortal. Pero, ea, habla y dime con sinceridad: ¿Dónde, al
venir, has dejado a Héctor, pastor de hombres? ¿En qué lugar tiene las marciales armas y
los caballos? ¿Cómo se hacen las guardias y de qué modo están dispuestas las tiendas de
los troyanos? Cuenta también lo que están deliberando: si desean quedarse aquí cerca de
las naves y lejos de la ciudad, o volverán a ella cuando hayan vencido a los aqueos.
412 Contestó Dolón, hijo de Eumedes:
De todo voy a informarte con exactitud. Héctor y sus consejeros deliberan lejos
del bullicio, junto a la tumba del divino Ilo; en cuanto a las guardias por que me
preguntas, oh héroe, ninguna ha sido designada, para que vele por el ejército ni para que
vigile. En torno de cada hoguera los troyanos, apremiados por la necesidad, velan y se
exhortan mutuamente a la vigilancia. Pero los auxiliares, venidos de lejas tierras,
duermen y dejan a los troyanos el cuidado de la guardia, porque no tienen aquí a sus hijos
y mujeres.
423 Volvió a preguntarle el ingenioso Ulises:
¿Éstos duermen mezclados con los troyanos o separadamente? Dímelo para que lo
426 Contestó Dolón, hijo de Eumedes:
De todo voy a informarte con exactitud. Hacia el mar están los carios, los peonios,
armados de corvos arcos, y los léleges, caucones y divinos pelasgos. El lado de Timbra to
obtuvieron por suerte los licios, los arrogantes misios, los frigios, que combaten en
carros, y los meonios, que armados de casco combaten en carros. Mas ¿por qué me hacéis
esas preguntas? Si deseáis entraros por el ejército troyano, los tracios recién venidos están
ahí, en ese extremo, con su rey Reso, hijo de Eyoneo. He visto sus corceles que son
mos, de gran altura, más blancos que la nieve y tan ligeros como el viento. Su carro
tiene lindos adornos de oro y plata, y sus armas son de oro, magníficas, encanto de la