El Conde Lucanor
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Exemplo XXIIIº
De lo que fazen las formigas para se mantener
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta
manera:
-Patronio, loado a Dios, yo só assaz rico, et algunos conséjanme que pues
lo puedo fazer, que non tome otro cuidado, sinon tomar plazer et comer et
bever et folgar, que assaz he para mi vida, et aún, que dexe a mios fijos
bien heredados. Et por el buen entendimiento que vós avedes, ruégovos que
me consejedes lo que vos paresçe que devo fazer.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, como quier que el folgar et tomar
plazer es bueno, para que vós fagades en esto lo que es más aprovechoso,
plazerme ía que sopiéssedes lo que faze la formiga para mantenimiento de
su vida.
Et el conde le preguntó cómo era aquello, et Patronio le dixo:
-Señor conde Lucanor, ya vós veedes cuánto pequeña cosa es la formiga,
et, segund razón, non devía aver muy grand aperçebimiento, pero fallaredes
que cada año, al tiempo que los omnes cogen el pan, sallen ellas de sus
formigueros et van a las eras et traen cuanto pan pueden para su manteni-
miento, et métenlo en sus casas. Et a la primera agua que viene, sácanlo
fuera; et las gentes dizen que lo sacan a enxugar, et non saben lo que dizen,
ca non es assí la verdat; ca bien sabedes vós que cuando las formigas sacan
la primera vez el pan fuera de sus formigueros, que estonçe es la primera
agua et comiença el invierno, et pues si ellas, cada que lloviesse, oviessen
de sacar el pan para lo enxugar, luenga lavor ternían, et demás que non po-
drían aver sol para lo enxugar, ca en el invierno non faze tantas vegadas sol
que lo pudiessen enxugar.
Mas la verdat porque ellas lo sacan la primera vez que llueve es ésta: ellas
meten cuanto pan pueden aver en sus casas una vez, et non catan por ál, si-
non por traer cuanto fallan. Et desque lo tienen ya en salvo, cuidan que
tienen ya recabdo para su vida esse año. Et cuando viene la lluvia et se
moja, el pan comiença de naçer; et ellas veen que si el pan naçe en los for-
migueros, que en logar de se gobernar dello, que su pan mismo las mataría,