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El proceso
Franz Kafka
inocente no necesita ayuda alguna ante el tribunal. Ahí se produce una contradicción.
Además, antes ha dicho que se puede influir personalmente en los jueces, pero ahora pone
en duda que se pueda llegar a la absolución real, como usted la llama, mediante una
influencia personal. Ahí se incurre en una segunda contradicción.
––Esas contradicciones son fáciles de aclarar––dijo el pintor––. Aquí está hablando de dos
cosas distintas, de lo que la ley establece y de lo que yo he experimentado personalmente; no
debe confundir ambas cosas. En la ley, aunque yo no lo he leído, se establece por una parte
que el inocente tiene que ser absuelto, pero por otra parte no se establece que los jueces
puedan ser influidos. No obstante, yo he experimentado lo contrario. No he sabido de
ninguna absolución real, pero he conocido muchas influencias. Es posible que en los casos
que he conocido no se diera la inocencia del acusado. Pero, ¿no es acaso improbable que en
tantos casos no haya ni uno solo en el que el acusado haya sido inocente? Ya cuando era
niño escuchaba a mi padre cuando contaba algo de los procesos, también los jueces hablaban
sobre procesos cuando le visitaban en su estudio, en nuestro círculo no se hablaba de otra
cosa, siempre que tuve la oportunidad de ir a los juicios, siempre la aproveché, he
presenciado innumerables procesos y he seguido pus distintas fases, tanto como era posible
y, lo debo reconocer, no he conocido ninguna absolución real.
––Así pues, ninguna absolución ––dijo K como si hablase consigo mismo y con sus
esperanzas––. Eso confirma la opinión que tengo del tribunal. Tampoco por esa parte tiene
sentido. Un único verdugo podría sustituir a todo el tribunal.
––No debe generalizar––dijo el pintor insatisfecho––, sólo he hablado de mis experiencias.
––Eso basta ––dijo K––, ¿o acaso ha oído de absoluciones en otros tiempos?
––Ha debido de haber ese tipo de absoluciones ––respondió el pintor––. Pero es difícil
constatarlo. Las sentencias definitivas del tribunal no se hacen públicas, ni siquiera son
accesibles para los jueces, por eso sólo se han conservado leyendas sobre casos judiciales
antiguos. Estas leyendas, en su mayoría, contienen absoluciones reales, se puede creer en
ellas, pero no se pueden demostrar. No obstante, no se deben descuidar, contienen una
cierta verdad, y son muy bellas, yo mismo he pintado varios cuadros que tienen como tema
esas leyendas.
––Simples leyendas no pueden hacerme cambiar de opinión ––dijo K––, ¿acaso se pueden
invocar esas leyendas en juicio?
El pintor rió.
––No, no se puede ––dijo.
––Entonces es inútil hablar de ellas ––dijo K. Quería aceptar provisionalmente todas las
opiniones del pintor, aun en el caso de considerarlas improbables o que contradijeran otros
informes. Ahora no disponía del tiempo preciso para analizar todo lo que el pintor había
dicho y constatarlo o refutarlo de acuerdo con la verdad. Se daría por satisfecho si lograse
que el pintor le ayudase incluso de una manera no decisiva. Así que dijo:
––Dejemos entonces la absolución real. Usted mencionó otras dos posibilidades.