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volando; retrato de la baronesa X; gansos
volando; dama de blanco; terneros en la
sombra, con manchas de sol amarillas; retrato
de su excelencia el Sr.; dama en verde. Todo
esto se halla impreso en un libro; los
nombres de los artistas, los nombres de
los cuadros. La gente tiene estos folletos en
la mano y va de un cuadro a otro, busca y
lee los nombres. Luego se va, tan pobre o tan
rica como entró, y se deja absorber
inmediatamente por sus preocupaciones, que
no tienen nada que ver con el arte. ¿Para
qué vinieron? Cada cuadro guarda
misteriosamente toda una vida, una vida con
muchos sufrimientos, dudas, horas de
entusiasmo y de luz. ¿Hacia dónde va esta
vida? ¿Hacia dónde busca el alma del
artista, si también se entregó en la creación?
¿Qué anuncia?
Iluminar las profundidades del corazón
humano es la misión del artista,
dice Schu-
mann.
El artista es un hombre que lo sabe
dibujar
µ
pintar todo,
dice Tolstoi.
De estas dos definiciones sobre la fun-
ción del artista elegimos la segunda,
pensando en la exposición descrita anterior-
mente; con mayor o menor habilidad, vir-
tuosismo y energía, surgen en el cuadro
objetos relacionados entre sí por medio de
pintura,
más tosca o más fina. Esta armo-
nización del todo en el cuadro es el medio
que conduce a la obra de arte. Esta es mirada
con ojos fríos y espíritu indiferente. Los
expertos admiran la
factura
(así como se
contempla a un equilibrista), gozan la
pintura (como se goza con una empa-
nada).