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primer plano. El desarrollo, y finalmente el
predominio, del elemento abstracto es natural,
porque cuanto más se renuncia a la forma
orgánica, tanto más pasa a un primer plano
ganando en resonancia la forma abstracta.
Pero como ya hemos dicho, el elemento
orgánico permanente posee un sonido interno
propio que puede ser idéntico al sonido interno
del elemento abstracto dentro de la misma
forma (combinación simple de los dos
elementos) o puede ser de otra naturaleza
distinta (combinación compleja y quizá
necesariamente disarmónica). En todo caso, el
elemento orgánico se hace oír dentro de la
forma escogida, aunque haya sido relegado por
completo. Por eso es importante la elección del
objeto real. En el acorde espiritual de los dos
elementos que constituyen la forma, el orgánico
puede ser un apoyo del abstracto (por con- o
di-sonancia), o por el contrario, puede repre-
sentar un obstáculo. El objeto puede formar un
sonido meramente casual, susceptible de ser
sustituido por otro sin que se produzca un
cambio esencial del sonido básico.
Una serie de figuras humanas, por ejemplo,
forman una composición romboide.
Analizándola intuitivamente nos preguntamos:
¿son absolutamente necesarias para la
composición las figuras humanas o podrían
cambiarse por otras formas orgánicas sin
alterar el sonido básico interior de la
composición?
En este segundo caso, nos hallamos ante
una situación en la que el sonido del ob-