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Hacia 1960. Forry (quien se refería a veces a si mismo como
«
Ackermonster») pertrechó Spacemen, una revista efímera pero interesante
cuyo tema eran las películas de ciencia ficción. En 1960 envié un cuento, mi
primer envío a una publicación, si no me falla la memoria. Se me ha olvidado
el titulo, pero aun estaba en mi fase de desarrollo Ro-Man, y no me cabe duda
de que el cuento reflejaba una deuda clarísima hacia el mono asesino con
cabeza de pecera.
Me lo rechazaron, pero Forry se lo quedó. (Forry se lo queda
absolutamente todo, como puede corroborar cualquier persona que haya
visitado su casa, la Ackermansión.) Unos veinte anos después, durante una
sesión de autógrafos en una librería de Los Ángeles, apareció Forry en la fila...
con mi cuento, redactado a un espacio con la máquina de escribir Royal que
me regaló mi madre en Navidad al cumplir once años (máquina de la cual
hace tiempo que no quedan vestigios). Quería que se lo firmara, y supongo
que lo hice, aunque fue un encuentro tan surrealista que no puedo estar seguro.
Para que hablen luego de fantasmas. Hay que ver.
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Mí primer cuento publicado (esta vez sí) apareció en un fanzine de
terror dirigido por Mike Garrett, de Birmingham (Alabama). (Mike sigue en
activo, y en el mismo sector.) Publicó el relato con el título In a Half-World of
Terror, pero sigo prefiriendo el mío con diferencia. Le había puesto / Was a
Teen-Age Graverobber (
«
Fui un ladrón de cadáveres adolescente). ¡Súper!
¡Bum!
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Mi primera idea original para un cuento, original de verdad (yo creo que
siempre se sabe reconocer), se me ocurrió hacía el final de los ocho años de
reinado benévolo de Eisenhower. Estaba sentado delante de la mesa de la
cocina de nuestra casa de Durham, viendo a mi madre pegar hojas de sellos
verdes en un
álbum. (Eran los «S&H Green Stamps», unos puntos que
acompañaban a determinados productos y podían canjearse por premios; para
otras anécdotas pintorescas sobre ellos, léase The Liars’ Club.) Nuestra
pequeña troika familiar había vuelto a instalarse en Maine, a fin de que mamá
pudiera cuidar a sus padres en el declinar de sus vidas. La abuela andaba sobre
los ochenta años y era obesa e hiperactiva, pese a estar casi ciega. El abuelo
tenía ochenta v dos v era un hombre escuálido, taciturno y propenso a