49
un traje de neopreno y no poder quitármelo. La cuarta pega, y primera en
importancia, fue darme cuenta de que la única manera de sacarle partido al
argumento era escribir un relato bastante largo, quizá más que «A veces
vuelven», que ya rozaba el límite estricto de lo que aceptaba el mercado de
revistas para hombres en término de cómputo de palabras. Había que dejar
mucho espacio para las fotos de cheerleaders que se han olvidado (¿por qué
será?) de ponerse las bragas, porque era lo que vendía. Recelé de perder dos
semanas elaborando una novela corta que ni me gustaba ni podría venderse.
Solución: tirarla a la basura.
La noche siguiente, cuando volví del colegio, el borrador estaba en
poder de Tabby. Lo había visto al vaciar la papelera, había limpiado de ceniza
las páginas arrugadas, las había alisado y se había sentado a leerlas. Expresó
su deseo de que acabara el relato. Yo alegué que no tenía ni puta idea sobre las
niñas de instituto, y dijo ella que me ayudaría. Tenía la cabeza un poco
inclinada, y sonreía de aquella manera tan mona.
—Tiene posibilidades —concluyó—. Lo digo en serio.
29
Carrie White no llegó a caerme simpática, ni yo a confiar en los motivos
de Sue Snell para prestarle a su novio en el baile, pero es verdad que el
argumento tenía posibilidades. Toda una carrera de escritor, por ejemplo. Lo
había intuido Tabby, y lo entreví yo cuando llevaba amontonadas cincuenta
hojas a un solo espacio. Para empezar, dudé que el baile de Carrie White
pudiera olvidársele a alguno de los asistentes. Los pocos que sobrevivieran,
vaya.
Antes de Carrie ya había escrito tres novelas: Rabia, La larga marcha y
El fugitivo, todas publicadas con posterioridad. La más inquietante es Rabia, y
la mejor quizá La larga marcha, pero ninguna de las tres me enseñó tanto
como Carrie White. Aprendí dos cosas: primero, que la impresión inicial del
autor sobre el personaje o personajes puede ser tan errónea como la del
lector.Segundo (pero no en importancia), darse cuenta de que es mala idea
dejar algo a medias sólo porque presente dificultades emocionales o
imaginativas. A veces hay que seguir aunque no haya ganas. A veces se tiene
la sensación de estar acumulando mierda,
Y al final sale algo bueno.
Tabby me prestó una gran ayuda, empezando por el dato de que los
dispensadores de compresas de los institutos no suelen funcionar con
monedas. Dijo que ni los profesores ni la dirección tenían mucho interés en
que hubiera niñas paseándose por el colegio con el vestido manchado de