61
el de una niña desnutrida y deforme. Dave y yo fumamos y conversamos un
poco, no recuerdo sobre qué. Por la noche había llovido y había bajado
bruscamente la temperatura, amaneciendo heladas las calles. Oímos que se
alargaba la pausa entre resuello y resuello. Por último ya no hubo ninguno,
sólo pausa.
34
Mi madre fue enterrada en la iglesia congregacionalista de Southwest Bend.
La de Methodist Corners, que la había tenido por feligresa, y donde habíamos
ido de niños Dave y yo, estaba cerrada por el frío. El panegírico corrió de mi
cargo y creo que me salió bastante bien, sobre todo en vista de lo borracho que
estaba.
35
Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los
primeros doce años de mi vida matrimonial diciéndome que «sólo me gustaba
beber». También empleé la Defensa Hemingway, famosa en el mundo entero.
Nunca se ha expuesto con claridad (porque no sería de machos), pero consiste
más o menos en lo siguiente: soy escritor, y por lo tanto muy sensible, pero
también soy un hombre, y los hombres de verdad no se dejan gobernar por la
sensibilidad. Eso sería de maricas. En conclusión, que bebo. ¿Hay alguna otra
manera de afrontar el horror existencial y seguir trabajando? Oye, y que no
pasa nada, que controlo. Como buen machote.
Todo hasta que a principios de los ochenta la asamblea legislativa del
estado de Maine aprobó una ley sobre botellas y latas retornables. A partir de
entonces mis latas de medio litro de Miller Lite ya no acababan en la basura,
sino en un contenedor de plástico que había en el garaje. Un jueves por la
noche salí a tirar unas cuantas, caídas en combate. Para mi sorpresa, el
contenedor, vacío el lunes por la noche, estaba casi lleno. Y siendo yo el único
bebedor de Miller Lite de toda la casa...
¡La ostia, tío!, pensé. ¡Soy alcohólico! Y no se elevó en mi cabeza
ninguna opinión disonante. Téngase en cuenta que hablo de alguien que había
firmado El resplandor sin darse cuenta de estar escribiendo sobre sí mismo (al
menos hasta la noche que acabo de referir). Mi reacción a la idea no fue
desmentirla ni matizarla, sino tomar una decisión muy influida por el miedo.
Recuerdo claramente que pensé: pues ahora mucho cuidado, porque si la
jodes...