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que esperar media hora para que te torturen una parte sensible del cuerpo. En
ocasiones así me parecen indispensables los libros. Si resulta que tengo que
pasar una temporada en el purgatorio antes de que manden arriba o abajo,
preveo que mientras haya biblioteca no me quejaré. (Seguro que si hay una
estará llena de novelas de Danielle Steel y libros de cocina; ja ja, va por ti,
Steve.)
O sea, que leo siempre que puedo, pero tengo un lugar de lee-1tura
favorito, y seguro que tú también: un sitio con buena luz y mejor ambiente. El
mío es el sillón azul de mi estudio. Tú quizá prefieras el sofá, la mecedora de
la cocina o la cama: leer en la cama puede ser paradisíaco, a condición de
tener la página bien iluminada y no ser propenso a tirar el café o el coñac en
las sábanas.
Supongamos, por lo tanto, que estás en tu lugar de recepción; favorito,
igual que yo en el mío de transmisión. Nuestro ejercicio de comunicación
mental tendrá que realizarse en el tiempo, además de en la distancia; pero
bueno, no pasa nada: si todavía podemos leer a Dickens, Shakespeare y (con
la mediación de algunas notas) Heródoto, la distancia entre 1997 y 2000 no
parece insalvable. ¿Listo? Pues adelante con la telepatía. Te habrás fijado en
que no tengo nada en las mangas, y en que no muevo los labios. Es muy
probable que tú tampoco.
Fíjate en esta mesa tapada con una tela roja. Encima hay una jaula del
tamaño de una pecera. Contiene un conejo blanco con la nariz rosa y los
bordes de los ojos del mismo color. El conejo tiene un trozo de zanahoria en
las patas delanteras y mastica con fruición. Lleva dibujado en el lomo un ocho
perfectamente legible en tinta azul.
¿Estamos viendo lo mismo? Para estar seguros del todo tendríamos que
reunimos y comparar nuestros apuntes, pero yo creo que sí. Claro que es
inevitable que haya ciertas variaciones: algunos receptores verán una tela
granate, y otros más viva. (Los receptores daltónicos la verán gris ceniza.)
Puede que algunos vean adornos en el borde de la tela. Las almas decorativas
habrán añadido un poco de encaje, y son muy libres de hacerlo. Mi mantel es
vuestro.
Siguiendo el mismo principio, el tema de la jaula deja mucho espacio a
la interpretación individual. Para empezar, ha sido descrita mediante una
«comparación imprecisa», que sólo será operativa si vemos el mundo y
medimos las cosas con criterios similares. Cuando se hacen comparaciones
imprecisas es fácil caer en el descuido, pero la alternativa es una atención
repipi al detalle que quita toda la diversión al acto de escribir. ¿Qué tendría
que haber dicho? ¿Que «encima hay una jaula de un metro de profundidad,
sesenta centímetros de anchura y treinta y cinco centímetros de altura»? Más