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Por otro lado, hay material que no sale en el diccionario pero que sigue
siendo vocabulario. Verbigracia:
—Qué hay, Lee —dijo Killian—. Qué-tal-hombre-qué-tal.
—¡Has logrado acojonar... a ese... mamón!
—Pues ejjjjjjj...
—¡Sherman... asqueroso traidor hijoputa!
—¡Marica de mierda!
—Tom Wolfe, La hoguera de las vanidades
Es un ejemplo de transcripción del vocabulario de la calle. Hay pocos
escritores que igualen el talento de Wolfe para ponerlo por escrito. (Otro que
sabe es Elmore Leonard.) A veces lo callejero acaba en el diccionario, pero
sólo cuando está bien muerto. Y dudo que «¡Brrraaannnggg!» figure en el
diccionario de ninguna academia.
Pon el vocabulario en la bandeja de encima, y no hagas ningún esfuerzo
consciente de mejorarlo. (Claro que lo harás al leer, pero... luego lo comento.)
Poner al vocabulario de tiros largos, buscando palabras complicadas por
vergüenza de usar las normales, es de lo peor que se le puede hacer al estilo.
Es como ponerle un vestido de noche a un animal doméstico. El animal pasa
vergüenza, pero el culpable de la presunta monería debería pasar todavía más.
Propongo desde ya una promesa solemne: no usar «retribución» en vez de
«sueldo», ni «John se tomó el tiempo de ejecutar un acto de excreción»
queriendo decir que «John se tomó el tiempo de cagar». Si consideras que tus
lectores podrían considerar ofensivo o impropio el verbo «cagar», di «John se
tomó el tiempo de hacer sus necesidades» (o «John se tomó el tiempo de ir de
vientre»). No es que quiera fomentar las palabrotas, pero sí el lenguaje directo
y cotidiano. Recuerda que la primera regla del vocabulario es usar la primera
palabra que se te haya ocurrido siempre y cuando sea adecuada y dé vida a la
frase. Si tienes dudas y te pones a pensar, alguna otra palabra saldrá (eso
seguro porque siempre hay otra), pero lo más probable es que sea peor que la
primera, o menos ajustada a lo que querías decir.
Lo de «querer decir» es muy importante. Si tienes alguna duda, piensa
cuántas veces has oído frases como: «Es que no puedo describirlo», o «No es
lo que quería decir». Piensa cuántas veces lo has dicho tú, con más o menos
frustración. Las palabras sólo reflejan contenidos. Aunque se escriba como los
ángeles, casi nunca se logra expresar plenamente lo que se pretendía decir.
Hecha esa precisión, ¿a quién se le ocurre empeorar las cosas eligiendo una
palabra emparentada en segundo o tercer grado con la que se quería usar?