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obtenidas tienen poco sentido racional, pero hasta las más raras (¡«Las ciruelas
deifican»!) seducen por lo que podríamos llamar su peso poético. La
simplicidad de la construcción nombre-verbo es útil, porque como mínimo
suministra una red de seguridad a la escritura. Strunk y White alertan contra el
exceso de frases simples encadenadas, pero las frases simples proporcionan un
camino al que tiene miedo de perderse en el laberinto de la retórica, con su
proliferación de cláusulas restrictivas y no restrictivas, sus complementos
circunstanciales, sus yuxtaposiciones, sus subordinadas... Si te parece un flipe
ver una extensión tan grande de territorio inexplorado (al menos por ti), ten
presente que las piedras explotan. Jane transmite y las ciruelas deifican. La
gramática es algo más que una lata. Es un bastón para poner de pie a las ideas
y hacer que caminen. Además, ¿a que a Hemingway le fueron bien las frases
simples? El muy cabrón era un genio, hasta cuando agarraba turcas de órdago.
Si quieres repasar la gramática, ve a una librería de segunda mano y
busca un buen manual, como Warriner’s English Grammar and Composition,
el libro que nos llevamos casi todos a casa para forrarlo con papel de estraza
cuando hacíamos bachillerato. Creo que te aliviará descubrir que casi todo lo
que hace falta está resumido en las guardas del principio y el final.
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A pesar de la brevedad de su manual de estilo, William Strunk encontró
espacio para exponer sus fobias personales en cuestión de gramática y usos
lingüísticos. Odiaba, por ejemplo, la expresión «cuerpo de alumnos»; insistía
en que «alumnado» era más claro y no tenía las connotaciones truculentas que
le veía a aquélla. Tacha de pretencioso al verbo «personalizar». (Strunk
sugiere «hacerse un membrete» como sustituto de «personalizar el papel de
cartas».) También odiaba las expresiones como «el hecho de que» o «por el
estilo de».
Yo también tengo mis antipatías. Opino, por ejemplo, que habría que
poner de cara a la pared a cualquier persona que empleara la expresión «qué
legal», y que los usuarios de otras mucho más aborrecibles, como «en aquel
preciso instante» o «al final del día», se merecen acostarse sin cenar (o sin
papel para escribir). Tengo dos manías predilectas relacionadas con la
escritura al nivel más básico, y no quiero cambiar de tema sin desahogarme.
Los verbos pueden conjugarse en dos voces, activa y pasiva. El sujeto
de una frase con el verbo en voz activa hace algo, mientras que al de una frase
con el verbo en voz pasiva le están haciendo algo. El sujeto no interviene. Te
recomiendo evitar la voz pasiva. Y no soy el único en decirlo. The Elements of
StyIe contiene el mismo consejo.