79
escriba en inglés tiene el deber de secar la ciénaga con la mayor celeridad y
poner al lector en tierra firme, como mínimo echarle un cabo.» Dicho queda.
El otro consejo pendiente antes de progresar hacia el segundo nivel de
la caja de herramientas es el siguiente: desconfía del adverbio.
Recordarás, por las clases de lengua, que el adverbio es una palabra que
modifica un verbo, adjetivo u otro adverbio. Son las que acaban en -mente.
Ocurre con los adverbios como con la voz pasiva, que parecen hechos a la
medida del escritor tímido. Cuando un escritor emplea la voz pasiva, ésta
suele expresar miedo a no ser tomado en serio. Es la voz de los niños que se
pintan bigote con betún, y de las niñas que intentan caminar con los tacones de
mamá. Mediante los adverbios, lo habitual es que el escritor nos diga que tiene
miedo de no expresarse con claridad y de no transmitir el argumento o imagen
que tenía en la cabeza.
Examinemos la frase «cerró firmemente la puerta». Reconozco que no
es del todo mala (al menos tiene la ventaja de un verbo en voz activa), pero
pregúntate si es imprescindible el «firmemente». Me dirás que expresa un
grado de diferencia entre «cerró la puerta» y «dio un portazo», y no es que
vaya a discutírtelo...pero ¿y el contexto? ¿Qué decir de toda la prosa
esclarecedora (y hasta emocionante) que precedía a «cerró firmemente la
puerta»? ¿No debería informarnos de cómo la cerró? Y, si es verdad que nos
informan de ello las frases anteriores, ¿no es superflua la palabra
«firmemente»? ¿No es redundante?
Ya oigo a alguien acusándome de pesado. Lo niego. Creo que de
adverbios está empedrado el infierno, y estoy dispuesto a vocearlo desde los
tejados. Dicho de otro modo: son como el diente de león. Uno en el césped
tiene gracia, queda bonito, pero, como no lo arranques, al día siguiente
encontrarás cinco, al otro cincuenta... y a partir de ahí, amigos míos, tendréis
el césped
«
completamente», «avasalladoramente» cubierto de diente de león.
Entonces los veréis como lo que son, malas hierbas, pero entonces, ¡ay!,
entonces será demasiado tarde.
Ojo, que yo también puedo ser comprensivo con los adverbios. En
serio. Con una excepción: las atribuciones en el diálogo. Te ruego que sólo
uses adverbios en el diálogo en ocasiones muy especiales, y sólo si no puedes
evitarlo. Examinemos tres frases, más que nada para estar seguros de que
hablamos de lo mismo.
—¡Suéltalo! —exclamó.
—Devuélvemelo —suplicó—. Es mío.
—No sea tonto, Jekyll —dijo Utterson.