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Según el título de un célebre manual de entrenamiento de perros, no hay
perros malos, pero cuéntaselo al padre de un niño agredido por un pit bull o un
rottweiler y seguro que te parte la cara. En el mismo sentido, y aunque tenga
unas ganas infinitas de dar ánimos a cualquier persona que intente escribir en
serio por primera vez, mentiría si dijera que no hay escritores malos. Lo
siento, pero hay un montón. Algunos pertenecen a la plantilla del periódico
local; son los que hacen las críticas de las obras de teatro en salas pequeñas, o
los que pontifican sobre los equipos regionales. Otros se han comprado una
casa en el Caribe con su pluma, dejando un reguero de adverbios palpitantes,
personajes de cartón y viles construcciones en voz pasiva. Otros, en fin, se
desgañifan en lecturas poéticas a micrófono abierto, con jersey de cuello alto y
pantalones arrugados de corte militar. Son los que sueltan ripios sobre «mis
indignados pechos de lesbiana», o «la calle torcida donde grité el nombre de
mi madre».
Los escritores se ordenan siguiendo la misma pirámide que se aprecia
en todas las áreas del talento y la creatividad humanos.
Los malos están en la base. Encima hay otro grupo, ligeramente más reducido
pero abundante y acogedor: son los escritores aceptables, que también pueden
estar en la plantilla del periódico local, en las estanterías de la librería del
pueblo o en las lecturas poéticas a micrófono abierto. Es gente que ha llegado
a entender que una cosa es que esté indignada una lesbiana y otra que sus
pechos sean eso, pechos.
El tercer nivel es mucho más pequeño. Se trata de los escritores buenos
de verdad. Encima (de ellos, de casi todos nosotros) están los Shakespeare,
Faulkner, Yeats, Shaw y Eudora Welty: genios, accidentes divinos, personajes
con un don que no podemos entender, y ya no digamos alcanzar. ¡Caray, si la
mayoría de los genios no se entienden ni a sí mismos, y muchos viven fatal
porque se han dado cuenta de que en el fondo sólo son fenómenos de circo
con suerte, la versión intelectual de las modelos que sin comerlo ni beberlo
ellas,, nacen con los pómulos bien puestos y los pechos ajustados al canon de
una época determinada!