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Son, en muchos casos, recelos justificados, y en otros simples excusas para no
pensar. La pereza intelectual llega a sus mayores cotas entre los más cultos.
Por poco que puedan, levantan los remos y se dejan ir a la deriva.
En conclusión, que estoy seguro de que algunas voces me acusarán de
fomentar una filosofía descerebrada y feliz, defender (ya que estamos) mi
reputación no precisamente inmaculada, y animar a gente que «no es de los
nuestros» a que pidan el ingreso en el club. Creo que sobreviviré. Pero antes
de seguir, pido permiso para repetir mi premisa básica: al que es mal escritor
no puede ayudarle nadie a ser bueno, ni siquiera aceptable. El buen escritor
que quiera ser un genio... Da igual, dejémoslo.
Las páginas siguientes contienen todo lo que sé acerca de escribir buena
narrativa. Seré lo más breve posible, porque tu tiempo y el mío son oro, y los
dos somos conscientes de que las horas empleadas en hablar de escribir son
horas de no hacerlo. También daré todos los ánimos que pueda, porque es mi
manera de ser y porque estoy enamorado de este oficio, y quiero que también
te enamores tú. Ahora bien, si no tienes ganas de trabajar como una mula será
inútil que intentes escribir bien. Confórmate con tu medianía y da gracias de
tenerla por cojín. Existe un muso,
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pero no esperes que baje revoloteando y
esparza polvos mágicos creativos sobre tu máquina de escribir u ordenador.
Vive en el subsuelo. Es un habitante del sótano. Tendrás que bajar a su nivel
y, cuando hayas llegado, amueblarle el piso- Digamos que te toca a ti sudar la
gota gorda, mientras el muso se queda sentado, ruma, admira las copas que ha
ganado en la bolera y finge ignorarte. ¿Te parece justo? Pues a mí sí. No digo
que el muso sea un guaperas, ni muy hablador (yo lo máximo que consigo
arrancarle son gruñidos de mal humor, menos cuando está de servicio) pero la
inspiración es suya. Es justo que hagas tú todo el trabajo y te quemes las cejas,
porque el del puro y las alitas tiene un saco lleno de magia. Y lo que contiene
el saco puede cambiarte la vida
Hazme caso, porque lo sé.
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Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y
escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselas. No he visto
ningún atajo.
Yo soy un lector lento, pero con una media anual de setenta u ochenta
libros, casi todos de narrativa. No leo para estudiar el oficio, sino por gusto.
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Tradicionalmente
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as musas eran mujeres, pero el mío es varón. Ha-
brá que acostumbrarse.