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Cada noche me aposento en el sillón azul con un libro en las manos. Tampoco
leo narrativa para estudiar el arte de la narrativa, sino porque me gustan las
historias. Existe, sin embargo, un proceso de aprendizaje. Cada libro que se
elige tiene una o varias cosas que enseñar, y a menudo los libros malos
contienen más lecciones que los buenos-
Cuando iba a octavo encontré una novela de bolsillo de Murray
Leinster, un escritor de ciencia ficción barata cuya producción se concentra en
los años cuarenta y cincuenta, la época en que revistas como Amazing Stories
pagaban un centavo por palabra, Yo ya había leído otros libros de Leinster,
bastantes para saber que la calidad de su prosa era irregular. La novela a que
me refiero, que era una historia de minería en el cinturón de asteroides,
figuraba entre sus obras menos conseguidas. No, eso es ser demasiado
generoso; la verdad es que era malísima, con personajes superficiales y un
argumento descabellado. Lo peor (o lo que me pareció peor en esa época) era
que Leinster se había enamorado de la palabra zestful, «brioso». Los
personajes veían acercarse a los asteroides metalíferos con «briosas sonrisas»,
y se sentaban a cenar «con brío» a bordo de su nave minera. Hacia el final del
libro, el protagonista se fundía con la heroína (rubia y tetuda) en un «brioso
abrazo». Fue para mí el equivalente literario de la vacuna de la viruela: desde
entonces, que yo sepa, nunca he usadlo la palabra zestful en ninguna novela o
cuento. Ni lo haré, Dios mediante.
Mineros de asteroides (no se llamaba así, pero era un título parecido)
fue un libro importante en mi vida de lector. La mayoría de la gente se acuerda
de cuándo perdió la virginidad, y la mayoría de los escritores se acuerdan del
primer libro cuya lectura acabaron pensando: yo esto podría superarlo. ¡Cono,
si ya lo he aperado! ¿Hay algo que dé más ánimos a un aprendiz de escritor
que darse cuenta de que lo que escribe, se mire como se mire, es superior a lo
que han escrito otros cobrando?
Leyendo prosa mala es como se aprende de manera más clara a evitar
ciertas cosas. Una novela como Mineros de asteroides (o El valle de las
muñecas. Flores en el ático y Los puentes de Madison, por dar algunos
ejemplos) equivale a un semestre en una buena academia de escritura,
incluidas las conferencias de los invitados estrella.
Por otro lado, la buena literatura enseña al aprendiz cuestiones de estilo,
agilidad narrativa, estructura argumental, elaboración de personajes
verosímiles y sinceridad creativa. Quizá una novela como Las uvas de la ira
provoque desesperación y celos en el escritor novel («No podría escribir tan
bien ni viviendo mil años»), pero son emociones que también pueden servir de
acicate, empujando al escritor a esforzarse más y ponerse metas más altas. La
capacidad arrebatadora de un buen argumento combinado con prosa de calidad