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personajes. Empieza a oxidarse el filo narrativo del escritor, y yo a perder el
control del argumento y el ritmo de la narración. Lo peor es que se debilita el
entusiasmo de crear algo nuevo; empiezas a tener la sensación de que trabajas,
sensación que para la mayoría de los escritores es el beso de la muerte.
Cuando se escribe mejor (siempre, siempre, siempre) es cuando el escritor lo
vive como una especie de juego inspirado. Yo, si quiero, puedo escribir a
sangre fría... pero me gusta más cuando es algo fresco y quema tanto que casi
no se puede tocar.
Antes, en las entrevistas, decía que escribía a diario menos en Navidad,
el Cuatro de Julio y mi cumpleaños- Era mentira. Lo decía porque algo tienes
que contar sÍ has aceptado una entrevista, y queda mejor si es un poco
ingenioso. Tampoco quería parecer demasiado obsesionado por el trabajo
(sólo un poquito). La verdad es que cuando escribo, escribo cada día,
incluidos Navidad, el 4 de julio y mi cumpleaños. (Además, a mi edad
procuras ignorar los cumpleaños.) Y cuando no trabajo, no trabajo nada,
aunque esos períodos de inactividad suelen desorientarme y producirme
insomnio. Para mí lo trabajoso es no trabajar. Cuando escribo es todo recreo, y
las tres peores horas que he pasado en el recreo fueron divertidísimas.
Antes era más rápido. Tengo un libro (El fugitivo) escrito en una
semana, hazaña que quizá hubiera valorado John Creasey (aunque he leído
que él escribió varias novelas en dos días). Me parece que es por culpa de
haber dejado de fumar. La nicotina potencia mucho la sinapsis. El problema
ya se sabe cuál es: que te ayuda a escribir, pero al mismo tiempo te mata. A
pesar de todo, opino que la primera redacción de un libro (aunque sea largo)
no debería ocupar más de tres meses, lo que dura una estación. Si tarda más
(al menos en mi caso), empieza a quedar la historia como algo un poco ajeno,
como un despacho del Ministerio de Asuntos Exteriores rumano o un mensaje
radiado en alta frecuencia durante un período de gran actividad en manchas
solares.
Me gusta hacer diez páginas al día, es decir, dos mil palabras. En tres
meses son 180.000 palabras, que para un libro no esta mal; si la historia es
buena y está bien contada, el lector puede perderse a gusto. Hay días en que
salen diez páginas sin dificultad, y a las once y media de la mañana ya me he
levantado y estoy haciendo recados como un ratoncito, pero a medida que me
hago mayor abundan más los días en que acabo comiendo en el escritorio y
terminando la sesión diaria hacia la una y media. A veces, cuando cuesta que
salgan las palabras, llega la hora del té y todavía estoy trabajando. Me van
bien las dos maneras, pero sólo en circunstancias muy graves me permito
bajar la persiana antes de haber hecho las dos mil palabras.