Microsoft; él es hoy uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos, y está aún en sus 30
años. Hay un lanzador de baseball que gana más de 4 millones de dólares al año aunque su
coeficiente mental ha sido etiquetado como `dudoso'“.
Hubo un largo silencio entre los dos. Caí en la cuenta de que le estaba dando a mi hijo el
mismo consejo que me habían dado mis padres. El mundo a nuestro alrededor había
cambiado, pero el consejo no.
Acceder a una buena educación y lograr calificaciones altas ya no asegura el éxito, y nadie
parece haberlo notado, excepto nuestros hijos.
"Mami" continuó, "no quiero trabajar tan arduamente como tú y papá lo hacen. Ustedes ganan
mucho dinero, y vivimos en una casa enorme, repleta de `juguetes'. Si sigo tu consejo,
acabaré igual que tú, trabajando más y más, tan sólo para pagar más impuestos y acabar
endeudado. Ya no existe la seguridad de un empleo; ya he oído todo acerca de reducciones y
reajustes empresariales. También sé que los graduados universitarios hoy en día ganan menos
de lo que ganabas tú cuando te graduaste. Mira a los doctores. No están ni cerca de ganar
tanto dinero como ganaban antes. Sé que no puedo confiar en el Sistema de Seguridad Social
o las pensiones de una compaña para mi jubilación. Necesito nuevas respuestas”.
Tenía razón. El necesitaba nuevas respuestas, y yo también. Los consejos de mis padres
pueden haber funcionado con personas nacidas antes de 1965, pero pueden resultar
desastrosos para aquellos nacidos en este mundo rápidamente cambiante. Ya no le puedo
decir simplemente a mis hijos: "Ve a la universidad, obtén buenas calificaciones, y busca un
trabajo seguro y permanente."
Descubrí que tenía que buscar nuevas formas para guiar la educación de mis hijos.
Tanto como madre o como contadora, he estado preocupada por la falta de educación
financiera que reciben nuestro hijos en los colegios. Muchos jóvenes de hoy en día tienen
tarjetas de crédito antes de terminar el ciclo superior -aunque jamás hayan asistido a un curso
sobre el dinero, o cómo invertirlo- y quedan solos para comprender cómo funcionan los
intereses compuestos en las tarjetas de crédito. Puesto de forma simple, sin alfabetización
financiera y el conocimiento de cómo funciona el dinero, ellos no están preparados para
enfrentar el mundo que los aguarda, un mundo en el cual se enfatiza el gastar antes que el
ahorrar.
Cuando mi hijo mayor, siendo estudiante de primer año, volvió totalmente endeudado con su
tarjeta de crédito, no sólo le ayudé a destruir esa tarjeta, sino que me puse a buscar un
programa que me pudiera ayudar a educar a mis hijos en temas financieros.
Un día durante el año pasado, mi esposo me llamó desde su oficina. "Tengo alguien que creo
deberías conocer", dijo. "Su nombre es Robert Kiyosaki. Es hombre de negocios e inversor, y
está aquí solicitando patentar un producto educacional. Creo que se trata de lo que has estado
buscando."
Justo lo que estaba buscando
Mi esposo, Mike, quedó tan impresionado con CASHFLOW, el nuevo producto educacional que
Robert Kiyosaki estaba presentando, que hizo los arreglos para que nosotros dos
participáramos en la prueba de un prototipo. Como era un juego educacional, también le pedí
a mi hija de 19 años, quien era estudiante de primer año en una universidad local, si querría
participar, y ella aceptó.
En la prueba participaron cerca de quince personas, divididas en tres grupos.
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