Pronto, la prueba de un producto se convirtió en una divertida tarde con mi hija, discutiendo
cosas de las que antes jamás habíamos hablado. Siendo contadora, jugar un juego que
requería una Declaración de Ingresos y una Hoja de Balance fue fácil. Así que tuve tiempo para
ayudar a mi hija y a los otros jugadores de mi mesa con los conceptos que no entendían. Ese
día, fui la primera persona y la única en todo el grupo de prueba- en lograr salir de la "Carrera
de ratas". Salí a los 50 minutos, pero el juego se prolongó por cerca de tres horas.
En mi mesa había un banquero, el dueño de un negocio, y un programador de computadoras.
Lo que me perturbó mucho fue lo poco que estas personas sabían, tanto de su contabilidad
como de sus inver-siones, dos temas tan importantes en sus vidas. Me preguntaba cómo
manejarían sus propios asuntos financieros en la vida real. Podía aceptar que mi hija de 19
años no entendiera, pero ellos eran adultos de, por lo menos, el doble de su edad.
Una vez que salí de la "Carrera de ratas", permanecí las dos horas siguientes observando a mi
hija y a estos adultos pudientes y educados, arrojar el dado y mover sus marcadores. Aunque
estaba contenta de que todos estuvieran aprendiendo tanto, me sentí perturbada por lo poco
que ellos sabían sobre los aspectos básicos de contabilidad y simples inversiones. Tenían
dificultades para comprender la relación entre sus Declaraciones de Ingresos y sus Hojas de
Balance. A medida que compraban y vendían inversiones, tenían problemas para recordar que
cada transacción podía impactar en el flujo de su dinero mensual. Yo pensé, ¿cuántos millones
de personas andan por ahí en el mundo real luchando financieramente, tan sólo porque nadie
les ha enseñado estas cuestiones?
Gracias a Dios que se están divirtiendo y están distraídos con el deseo de ganar el juego, me
dije. Luego de que Robert dio por finalizada la contienda, nos dejó quince minutos para discutir
y criticar CASHFLOW entre nosotros.
El dueño del negocio, que compartía mi mesa, no estaba feliz. El juego no le gustó. "Yo no
necesito saber esto", dijo en voz alta. "Contrato contadores, banqueros y abogados para que
me expliquen sobre estas cuestiones."
A lo cual Robert replicó, "¿Ha notado que existen infinidad de contadores que no son ricos? Y
banqueros, y abogados, y corredores de bolsa y agentes inmobiliarios. Saben muchísimo, y la
mayoría son gente inteligente, pero muchos de ellos no son ricos. Dado que nuestros colegios
no le enseñan a la gente lo que saben los ricos, tenemos que hacernos asesorar por estas
personas. Pero un día usted se halla conduciendo por la autopista, atascado en el tráfico,
tratando de llegar a tiempo al trabajo, y mira hacia la derecha y ve a su contador atascado en
la misma maraña de tráfico. Mira hacia la izquierda, y ve a su banquero. Eso debería decirle a
usted algo."
El programador de computadoras tampoco estaba impresionado con el juego. "Puedo
comprarme un software que me enseñe esto."
El banquero, sin embargo, estaba movilizado. "Estudié esto en el colegio -es decir, la parte de
contabilidad- pero nunca supe cómo aplicarlo en la vida real. Ahora lo sé. Necesito salir de la
`carrera de ratas'."
Pero lo que más me conmovió fueron los comentarios de mi hija. "Me divertí aprendiendo",
dijo. "Aprendí muchísimo acerca de la manera en que realmente funciona el dinero, y cómo
invertirlo”.
Luego agregó: "Ahora sé que puedo elegir una profesión por el tipo de trabajo que quiero
desempeñar, y no por la seguridad del empleo, los beneficios o lo mucho que me paguen. Si
aprendo lo que enseña este juego, soy libre de hacer y estudiar lo que mi corazón desea
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