valiosa mirada hacia el interior de la senda que analizan los verdaderos inversores para tomar
sus decisiones de inversión.
Cuando nosotros como padres aconsejamos a nuestros hijos "ir al colegio, estudiar
esforzadamente y conseguir un buen empleo", en general lo hacemos partiendo de un hábito
cultural. Eso siempre había sido lo correcto. Cuando conocí a Robert, inicialmente sus ideas me
asustaron. Al haber sido educado por dos padres, se le había enseñado a esforzarse por dos
metas diferentes. Su padre instruido le aconsejó que trabajara para una corporación. Su padre
rico le aconsejó que fuera dueño de una corporación. Ambos proyectos de vida requieren
educación, pero los temas de estudio son completamente diferentes. Su padre altamente
instruido lo alentaba a ser una persona inteligente. Su padre rico lo animaba a descubrir cómo
contratar personas inteligentes.
Tener dos padres le causó muchos problemas. El padre verdadero era el superintendente de
educación para el estado de Hawai. Para cuando Robert tenía 16 años, la amenaza de "si no
obtienes buenas calificaciones no conseguirás un buen trabajo" tenía ya poco efecto. Para ese
entonces, él ya sabía que el camino para su carrera era ser dueño de corporaciones, y no
trabajar para ellas. En realidad, si no hubiera sido por la guía sabia y persistente de un
consejero de estudios superiores, Robert podría no haber ido a la universidad. El lo admite.
Estaba ávido de iniciar la conformación de su activo, pero finalmente estuvo de acuerdo en
que una educación universitaria también lo beneficiaría.
Verdaderamente, para los padres de hoy en día, las ideas de este libro probablemente
parezcan muy lejanas de alcanzar, o demasiado radicales. Muchos padres están pasando por
momentos ya bastantes difíciles tratando de mantener a sus hijos en el colegio. Pero a la luz
de nuestros tiempos cambiantes, necesitamos, como padres, estar abiertos a ideas nuevas y
audaces. Alentar a los niños a que sean empleados, es aconsejar a sus hijos a que paguen
durante toda sus vidas más impuestos de lo que es justo, con alguna o ninguna promesa de
pensiones. Y es cierto que los impuestos son el mayor egreso de una persona. De hecho, la
mayoría de las familias trabajan para el gobierno desde enero hasta mediados de mayo,
solamente para pagar sus impuestos. Se necesitan nuevas ideas, y este libro las aporta.
Robert afirma que los ricos enseñan a sus hijos de forma diferente. Les enseñan en su casa,
sentados a la mesa durante la cena. Quizás estas ideas no sean las que usted elija para
conversar con sus hijos, pero de todas maneras, gracias por darles una mirada. Y le aconsejo
seguir buscando. En mi opinión, como madre y como Contadora Pública Certificada, el
concepto de simplemente obtener buenas calificaciones y conseguir un buen trabajo, es una
idea anticuada. Necesitamos aconsejar a nuestros hijos con cierto grado de mayor inteligencia.
Necesitamos nuevas ideas y una educación diferente. Podría ser que, decirles que se
esfuercen por ser buenos empleados, mientras a la vez se esfuerzan por ser dueños de su
propia corporación de inversiones, no sea una idea tan mala.
Mi esperanza como madre, es que este libro ayude a otros padres. La esperanza de Robert, es
poder informar a las personas que cualquiera puede alcanzar prosperidad, si así lo elige. Si
usted actualmente es jardinero o conserje, o aún si está desempleado, tiene la oportunidad de
educarse y enseñarle a sus seres queridos a cuidar de sí mismos financieramente. Recuerde
que la inteligencia financiera es el proceso mental a través del cuál resolvemos nuestros
problemas financieros.
Hoy en día estamos enfrentando cambios tecnológicos y globales tan o incluso más grandes
que los que alguna vez hayamos enfrentado. Nadie tiene la bola de cristal, pero una cosa es
cierta: se avecinan transformaciones que están más allá de nuestra realidad. ¿Quién sabe lo
que depara el futuro? Pero, suceda lo que sucediere, tenemos dos elecciones fundamentales:
jugar a lo seguro o jugar con inteligencia, preparándonos, educándonos y despertando en
nosotros y en nuestros hijos, ese genio financiero que todos llevamos dentro.
-Sharon Lechter
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