"Papi dijo que esto pasaría. El dijo que nos encontremos cuando estuvieras listo para
renunciar”.
11 ¿Qué?" dije indignado. "¿El estuvo esperando a que yo me hartara?”
"Algo así", dijo Mike. "La clase de papá es diferente. El enseña distinto que tu papá. Tu mamá
y tu papá dan muchas explicaciones. Mi padre es calmo y de pocas palabras. Sólo espera hasta
este sábado. Le diré que estás listo”.
"¿Quieres decir que yo he sido probado?”
"No, realmente no, pero quizás sí. Papá te lo explicará el sábado."
Esperando mi turno el sábado
Estaba listo. Estaba preparado. Incluso mi padre verdadero estaba enojado con él. Mi papá
real, el que yo llamo mi padre pobre, pensaba que mi padre rico estaba violando las leyes
laborales infantiles y debería ser investigado.
Mi educado padre pobre dijo que yo debía reclamar lo que merecía. Por lo menos 25 centavos
por hora. Mi papá pobre me dijo que si no obtenía un aumento, debería renunciar
inmediatamente.
"De todas maneras, tú no necesitas ese condenado trabajo", dijo con indignación.
El sábado a las 8 de la mañana en punto, yo atravesé la misma desvencijada puerta de la casa
de Mike.
"Toma asiento y espera tu turno", dijo el papá cuando entré. Se dio la vuelta y desapareció
dentro de su pequeña oficina cercana a su dormitorio.
Miré alrededor pero no vi a Mike por ningún lugar. Me sentí entorpecido, y cuidadosamente me
senté junto a las mismas dos mujeres que habían estado allí cuatro semanas atrás. Me
sonrieron, corriéndose un poco para hacerme lugar en el sofá.
Transcurrieron cuarenta y cinco minutos, y yo ya estaba echando vapor. Las dos mujeres se
habían entrevistado con él y se habían retirado treinta minutos antes. El hombre mayor había
estado adentro por veinte minutos, y también se había retirado ya.
La casa estaba vacía, y yo allí sentado en su mohosa y oscura sala de estar, en ese bello y
soleado día hawaiano, esperando para hablar con un tacaño que explotaba niños. Podía oírlo
en actividad alrededor de la oficina, hablando por teléfono, e ignorándome. En un momento,
estuve listo para irme, pero por alguna razón, me quedé.
Finalmente, quince minutos más tarde, a las 9 hs. en punto, padre rico salió y sin decir nada,
me hizo señas con su mano para que entrara a su deslucida oficina.
"Entiendo que quieres un aumento, o renunciarás", dijo papá rico mientras giraba en la silla de
su escritorio.
"Bueno, usted no está cumpliendo su parte del trato", dije sin consideraciones, casi con
lágrimas. Para un muchachito de 9 años, era realmente atemorizante enfrentar a un adulto.
"Usted dijo que me enseñaría si yo trabajaba para usted. Bien, lo he hecho. He trabajado
esforzadamente. He dejado de lado mis partidos de baseball para trabajar para usted. Pero
usted no mantuvo su palabra. No me ha enseñado nada. Usted es un tramposo, como piensa
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