"Pero usted sólo me pagó 10 centavos”.
"¿Y qué estás aprendiendo?" preguntó sonriente.
"Que usted es tacaño", dije con una tímida sonrisa.
"Ves, tú piensas que yo soy el problema", volvió a decir.
"Pero es que así es”.
"Bien, si mantienes esa actitud, no aprenderás nada. Mantén la actitud de que yo soy el
problema, ¿y qué elecciones te quedan?”
"Bueno, si usted no me paga más, o no muestra mayor consideración y me enseña,
renunciaré.
"Buen punto", dijo papá rico. "Y eso es exactamente lo que haría la mayoría de la gente.
Renunciar y salir a buscar otro trabajo, una mejor oportunidad, un salario más alto, pensando
que un nuevo trabajo o mejor sueldo resolverá el problema. En la mayoría de los casos, no
será así.
"¿Y que lo resolverá?" pregunté. "¿Tomar esos miserables 10 centavos y sencillamente
sonreír?”
Papá rico se rió. "Eso es lo que las otras personas hacen. Aceptan un salario determinado aún
sabiendo que ellos y su familia tendrán que luchar financieramente. Pero eso es todo lo que
hacen, esperando algún aumento, en la creencia de que más dinero resolverá el problema.
Algunos simplemente lo aceptan, y otros buscan un segundo empleo y trabajan más
arduamente, pero siempre aceptando un salario pequeño”.
Me senté mirando el piso fijamente, empezando a comprender la lección que él estaba
exponiendo. Podía sentir que eso era probar el sabor de la vida. Finalmente levanté la vista y
repetí mi pregunta, "¿Y qué resolverá el problema?”
"Esto" dijo, dándome golpecitos en la cabeza suavemente. "La materia que está entre tus
orejas”.
Fue en ese momento que padre rico compartió el punto de vista fundamental que lo separaba
del resto de sus empleados y de mi papá y que, eventualmente, lo llevó a convertirse en uno
de los hombres más ricos de Hawai, mientras que mi padre, altamente instruido pero pobre,
luchó con sus finanzas durante toda su vida. Era un singular punto de vista que hizo una total
diferencia de por vida.
Padre rico repetía una y otra vez este punto de vista, al que yo llamaré Lección Nro. 1.
"Las clases media y pobre trabajan por el dinero”.
"Los ricos tienen dinero trabajando para ellos”.
En esa radiante mañana de sábado, yo estaba aprendiendo un punto de vista completamente
diferente del que me había sido enseñado por mi padre pobre. A los 9 años, crecí consciente de
que ambos padres querían que aprendiera. Ambos me alentaban a que estudie... pero no las
mismas cosas.
Mi padre instruido me recomendaba que hiciera lo que él hizo. "Hijo, quiero que estudies mucho,
obtengas altas calificaciones, y así podrás encontrar un empleo seguro y firme, en una gran
compaña. Y asegúrate de que tenga excelentes beneficios." Mi padre rico quería que yo
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