en el estacionamiento, chisporroteando cuando el motor se apagaba. Entró a la tienda y saludó
a la Sra. Martín con un abrazo. Luego de chequear cómo iban las cosas en la tienda, fue al
refrigerador de los helados, sacó dos paletas, las pagó, y nos señaló a Mike y a mí.
"Vayamos a dar un paseo, chicos”.
Cruzamos la calle esquivando algunos automóviles, y caminamos a través de una gran
extensión de pasto, donde unas personas adultas estaban jugando softball. Nos sentamos en
una mesa de picnic apartada, y nos dio los helados.
"¿Cómo van las cosas, niños?”
"O.K.", dijo Mike.
Yo asentí de acuerdo.
"¿Ya aprendieron algo?" preguntó padre rico.
Mike y yo nos miramos, encogiéndonos de hombros y sacudiendo nuestras cabezas al unísono.
Evitando una de las trampas más grandes de la vida.
"Bien, es mejor que ustedes empiecen a pensar, chicos. Están viendo claramente una de las
lecciones más grandes de la vida. Si aprenden la lección, disfrutarán de una vida de gran
libertad y seguridad. Si no aprenden la lección, acabarán como la Sra. Martín y la mayoría de
las personas que están jugando softball aquí en el parque. Ellos trabajan muy duro, por poca
plata, colgados de la ilusión de la seguridad de un trabajo, esperando con agrado las tres
semanas de vacaciones anuales, y una magra pensión luego de cuarenta y cinco años de
trabajo. Si eso los entusiasma, les daré un aumento de 25 centavos por hora”.
"Pero éstas son buenas personas y trabajan mucho. ¿Se divierte usted a costa de ellos?"
demandé.
Una sonrisa se formó en la cara de papá rico.
"La Sra. Martín es como una madre para mí. Yo jamás sería tan cruel pero debo sonar cruel
porque estoy tratando de hacer lo mejor que puedo para señalarles algo a ustedes dos. Quiero
expandir sus puntos de vista para que puedan ver algo. Algo que la mayoría de las personas
nunca tienen la ventaja de ver porque su visión es demasiado estrecha. La mayoría no ve la
trampa en la que se han metidos”.
Mike y yo nos sentamos sin estar seguros de su mensaje. Sonaba cruel, pero nosotros
podíamos sentir que él deseaba desesperadamente que nosotros aprendiéramos algo.
Con una sonrisa, papá rico dijo, "¿No sonaban buenos los 25 centavos ¿No hacían que su
corazón latiera más rápido?”
Sacudí mi cabeza con un "no", pero en realidad era así. Veinticinco centavos por hora hubieran
sido un gran monto para mí.
"O.K., les pagaré un dólar por hora", dijo padre rico, con una mueca burlona.
Ahora mi corazón empezaba a correr. Mi cerebro chillaba, "tómalo, tómalo". Yo no podía creer
lo que estaba escuchando. Pero aún así, no dije nada.
"O.K., u$s 2 por hora”.
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