trabajando, aunque tengan ya demasiado. Conozco personas que poseen millones, y están
más temerosos ahora que cuando eran pobres. Están aterrorizados de perder todo su dinero.
Los miedos que los llevaron a ser ricos, ahora han empeorado. Esa parte débil y necesitada de
sus almas está gimiendo en voz más alta cada vez. Ellos no quieren perder sus mansiones, los
automóviles, la vida de clase alta que el dinero les ha comprado. Temen qué dirían sus amigos
si perdieran toda su fortuna. Muchos están emocionalmente desesperados y neuróticos, aun-
que lucen ricos y tienen más dinero”.
"Entonces, ¿es más feliz un hombre pobre?" pregunté.
"No, no lo creo", replicó padre rico. "El hecho de evitar el dinero es tan psicótico como ser
adicto a él”.
Como corolario, el pordiosero del pueblo pasó de largo por nuestra mesa, deteniéndose en un
gran cesto de desperdicios, revolviendo todo en busca de algo. Los tres lo miramos con gran
interés, cuando quizás en otra oportunidad lo hubiéramos ignorado.
Padre rico sacó un dólar de su billetera y con un gesto se lo ofreció al hombre, ya mayor. Al
ver el billete, el vagabundo vino a nosotros inmediatamente, lo tomó, y le agradeció
profusamente, huyendo extasiado con su buena fortuna.
"El no es muy diferente de muchos de mis empleados", dijo papá rico. "Yo he conocido mucha
gente que dice `oh, yo no estoy interesado en el dinero'. Pero aún así ellos trabajan en su
empleo por lo menos ocho horas por día. Eso es una negación de la verdad. Si no están
interesados en el dinero, ¿entonces por qué están trabajando? Esa clase de mentalidad
probablemente es más psicótica que la de una persona que acumula dinero”.
Mientras estaba sentado ahí oyendo a mi papá rico, mi mente recordaba por instantes las
innumerables veces que mi propio padre decía, "yo no estoy interesado en el dinero". Decía
esas palabras muy a menudo. Y se cubría a sí mismo afirmando siempre, "yo trabajo porque
amo mi profesión".
"Entonces ¿qué hacemos?" pregunté. "¿No trabajar por dinero hasta que todos los restos de
miedo y deseo se hayan ido?”
"No, eso sería malgastar el tiempo", dijo padre rico. "Las emociones son lo que nos hace
humanos. Nos hacen reales. La palabra emoción quiere decir energía en movimiento. (*) Sean
sinceros acerca de sus emociones, y úsenlas, junto con su mente, en su propio favor, y no en
su contra”.
"¡Guau!" dijo Mike.
"No temas por lo que yo acabo de decir. Todo esto tendrá más sentido en los próximos años.
Tan sólo debes ser un observador, no un reaccionario de tus emociones. La mayoría de las
personas no saben que sus emociones están delineando sus pensamientos. Tus emociones son
tus emociones, y tienes que aprender a delinear tus propios pensamientos”.
"¿Puede darme un ejemplo?" pregunté.
"Seguro", replicó. "Cuando una persona dice, `necesito encontrar un trabajo', una emoción
está tomando el lugar de un pensamiento. El miedo a no tener dinero genera ese
pensamiento”.
"No entiendo", dijo Mike.
"Por ejemplo", dijo padre rico. "Si el miedo a no tener suficiente dinero surge, en lugar de salir
corriendo inmediatamente a conseguir un trabajo a fin de ganar unos pocos pesos para mitigar
el miedo, ellos antes deberían hacerse a sí mismos esta pregunta: `¿Es este trabajo la mejor
solución a largo plazo, para este miedo?' En mi opinión, la respuesta es `no'. Especialmente si
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