pasábamos horas después del trabajo simplemente sentados junto a su padre mientras él
mantenía entrevistas con sus banqueros, abogados, contadores, agentes, inversores, gerentes
y empleados. Allí estaba un hombre, quien había abandonado la escuela a la edad de 13 años,
dirigiendo, ordenando, y formulando preguntas propias de personas instruidas. Ellos estaban a
su entera disposición, y se rebajaban cuando él los desaprobaba.
Allí estaba un hombre que no había avanzado con la masa. El era un hombre que había
desarrollado un pensamiento propio, y detestaba las palabras "debemos hacerlo de esta
manera porque así es como todos los demás lo hacen". También odiaba las palabras "no se
puede". Si usted quería que él hiciera algo, sólo debía decirle "no creo que usted pueda hacer
esto".
Mike y yo aprendimos más sentados en esas reuniones, que en todos nuestros años de
escuela, incluyendo la universidad. El padre de Mike no tenía educación formal, pero sí poseía
educación financiera, y, consecuentemente, tenía éxito. El solía decirnos una y otra vez "las
personas inteligentes contratan personas que son más inteligente que ellos". De manera que
Mike y yo nos beneficiamos al pasar esas horas escuchando y, en el proceso, aprendiendo de
personas inteligentes.
Por esto, tanto Mike como yo no podíamos movernos con el dogma estandarizado que nuestros
maestros predicaban. Y eso causaba los problemas. Cada vez que un profesor decía "si no
obtienen buenas calificaciones, no les irá bien en el mundo real", Mike y yo simplemente
levantábamos nuestras cejas. Cuando se nos instaba a seguir procedimientos establecidos sin
apartarnos de las reglas, podíamos ver como estos procesos escolares en verdad desalentaban
la creatividad. Comenzamos a entender por qué nuestro padre rico nos decía que las escuelas
estaban diseñadas para producir buenos empleados, en lugar de empleadores.
Ocasionalmente, alguno de nosotros dos le preguntaba a nuestros maestros cómo se aplicaba
lo que estudiábamos, o por qué nunca estudiábamos acerca del dinero y su funcionamiento. A
esta última pregunta, a menudo nos respondían que el dinero no era importante, y que si
lográbamos excelencia en nuestra educación, obtendríamos dinero en consecuencia.
Cuanto más aprendíamos sobre el poder del dinero, más nos distanciábamos de nuestros
profesores y compañeros.
Mi padre altamente instruido, nunca me presionó por mis calificaciones. A menudo me
pregunté por qué. Pero sí comenzamos a discutir sobre el dinero. Para cuando cumplí 16 años,
yo tenía una base en relación al dinero, probablemente mucho mejor que la de mi madre y mi
padre. Podía llevar libros contables, y hablar de distintos temas con contadores, liquidadores
de impuestos, abogados de corporaciones, banqueros, agentes de bienes raíces, inversores y
otros profesionales. Mi padre hablaba con profesores.
Un día, mi padre me estaba explicando por qué nuestra casa era su inversión más grande. Una
discusión no muy placentera tomó lugar cuando traté de demostrarle por qué yo pensaba que
una casa no era una buena inversión.
El siguiente diagrama ilustra la diferencia entre la percepción de mi padre rico y mi padre
pobre, en referencia a sus hogares. Un papá pensaba que su casa era una inversión, mientras
que el otro, creía que era una obligación o compromiso.
Padre
Rico Inversiones Obligaciones
Casa
Padre
Pobre Inversiones
Casa Obligaciones
Recuerdo cuando dibujé para mi papá el gráfico siguiente, mostrándole la dirección del flujo
del dinero en efectivo (cashflow). También le mostré los gastos accesorios que traía aparejada
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