donación de sangre. Actual-mente, estoy siendo sorprendido permanentemente por el número
de personas que pagan más impuestos, o aprovechan menos deducciones, tan sólo porque
están temerosos del gobierno. Y de verdad sé cuán intimidatorio y atemorizante puede resultar
un agente de los organismos recaudadores estatales. He tenido amigos cuyos negocios han
sido cerrados y destruidos, para luego descubrir que todo había sido un error de parte del
estado. Yo tengo conciencia de todo eso. Pero el precio de trabajar desde enero hasta la mitad
de mayo es demasiado alto como pago por tal intimidación. Mi padre pobre nunca presentó
resistencia. Tampoco mi padre rico. Simplemente, él participó del juego en una forma más
inteligente, y lo hizo a través de las corporaciones -el mayor secreto de los ricos.
Ustedes recordarán la primera lección que aprendí de padre rico. Yo era un niñito de 9 años
que debía permanecer sentado y esperar a que él se decidiera a hablar conmigo. A menudo me
sentaba a esperar en su oficina, hasta que él "viniera por mí". El estaba ignorándome a
propósito. Quería que yo reconociera su poder, y que deseara tenerlo algún día, para mí
mismo. Durante todos los años que estudié y aprendí junto a él, siempre me recordó que el
conocimiento es poder. Y que el dinero trae un gran poder, que requiere del conocimiento
apropiado para conservarlo y hacer que se multiplique. Sin ese conocimiento, el mundo
siempre lo apremiará. Padre rico siempre nos recordaba a Mike y a mí que el rufián más
grande no era ni el jefe ni el supervisor, sino el agente recaudador. El "hombre de los
impuestos" siempre tomaría más, si usted se lo permitía.
La primera lección acerca de tener el dinero trabajando para mí, en oposición a trabajar por el
dinero, se trata totalmente del poder. Si usted trabaja por el dinero, le cede ese poder a su
empleador. Si su dinero trabaja para usted, usted mantiene y controla el poder.
Una vez que tuvimos ese conocimiento del poder del dinero trabajando para nosotros, él quiso
que fuéramos astutos financieramente hablando, y que no dejáramos que los rufianes nos
presionaran. Es necesario que usted conozca la ley, y la forma en que trabaja el sistema. Si
usted ignora eso, resultará fácil apremiarlo. Si sabe bien de qué está hablando, tiene una
chance de luchar. Esa es la razón por la cual él pagaba tanto para contratar contadores y
abogados sagaces. Era menos costoso pagarles a ellos que al gobierno. Para mí, su mejor
lección, la cual he utilizado durante la mayor parte de mi vida, es: "sé inteligente, así no te
verás tan manipulado". El conocía la ley porque era un ciudadano que cumplía con ella. El
conocía la ley porque resultaba caro desconocerla. "Si sabes que estás en lo correcto, no
tendrás miedo de luchar en contra ofensa." Inclusive si usted está emocionado con Robin Hood
y su banda de alegres secuaces.
Mi padre altamente instruido siempre me alentaba a buscar un buen trabajo en una
corporación sólida. El hablaba de las virtudes de "gestar tu camino ascendente en la pendiente
corporativa". El no entendía que, al depender sólo de un cheque de pago mensual de un
empleador corporativo, yo sería una vaca dócil lista para ser ordeñada.
Cuando le comenté a mi padre rico el consejo de mi papá, se limitó a reír entre dientes. "¿Por
qué no ser el dueño de la corporación?", fue todo lo que dijo.
Siendo jovencito, yo no entendía qué quería decir papá rico con ser el dueño de mi propia
corporación. Esa era una idea que parecía imposible e intimidatoria. Aunque me entusiasmaba
la idea, mi juventud no me permitía visualizar la posibilidad de que personas adultas, algún día
trabajarían para una compaña de mi propiedad.
El punto es que, de no ser por mi padre rico, probablemente yo hubiera seguido el consejo de
mi padre instruido. El recordatorio ocasional de mi padre rico, era lo que meramente mantenía
viva la idea de ser dueño de mi propia corporación, y me mantenía en una senda diferente.
Para cuando tuve 15 ó 16 años, sabía que no iba a continuar por el camino que mi padre
instruido me había recomendado. No sabía cómo lo haría, pero estaba determinado a no
orientar la proa en la dirección hacia la que apuntaban la mayoría de mis compañeros de clase.
Esa decisión cambió mi vida.
No fue sino hasta bien entrados mis 20 años, que el consejo de mi padre rico comenzó a
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