Las aptitudes especializadas más importantes son ventas, y compren-sión del marketing. Es la
capacidad de vender -por consiguiente, de comunicarse con otro ser humano, ya sea un
cliente, un empleado, el jefe, su cónyuge o sus hijos- lo que constituye la aptitud personal
básica para el éxito personal. Las habilidades de comunicación tales como escribir, hablar y
negociar, son cruciales para una vida de éxito. Ese es un área sobre la cual yo trabajo
constantemente, tomando cursos o adquiriendo cintas de audio educativas para expandir mis
conocimien-tos.
Como ya he mencionado, mi padre instruido trabajaba más ardua-mente cuanto más
competente se volvía. También, cuanto más se especializaba, más atrapado estaba. Aunque su
salario aumentaba, sus opciones disminuían. Tan pronto se quedó fuera del empleo en el
gobierno, descubrió cuán vulnerable era realmente, profesionalmente hablando. Es el mismo
caso de los atletas profesionales que de pronto se lesionan o son demasiados viejos para
jugar. Su posición altamente remunerada ya no existe, y sus capacidades son limitadas, como
para recurrir a ellas. Creo que esta es la razón por la cual mi papá instruido se inclinó tanto
hacia los sindicatos. El se había dado cuenta de cuánto lo habrían beneficiado los sindicatos.
Padre rico nos animaba a Mike y a mí a aprender un poco acerca de muchas cosas. El nos
alentaba a trabajar con personas más inteligentes de lo que éramos nosotros, y a elegir
personas inteligentes para trabajar juntos como equipo. Hoy en día llamaríamos a eso una
sinergia de especialidades profesionales.
Actualmente, conozco a ex-maestros de escuela que ganan cientos de miles de dólares por
año. Ganan tanto porque poseen capacidades especializadas en sus campos, así como también
otras habilidades. Ellos pueden enseñar, como así también vender o comercializar. No conozco
otras capacidades más importantes que ventas y marketing. En principio, estas dos
capacidades son difíciles para la mayoría de las personas debido al miedo al rechazo. Cuanto
mejor es usted en comunicación, negociación, y manejo de su miedo al rechazo, más fácil se
hace la vida. Hoy en día, aconsejo a cualquiera de la misma manera en que aconsejé a la
escritora del periódico, que quería ser un autor de libros "mejor vendidos" (best-sellers). Ser
técnicamente un especialista tiene sus forta-lezas, pero también sus debilidades. Tengo
amigos que son genios, pero no se pueden comunicar con efectividad con otro ser humano y,
como resultado, sus ganancias son desastrosas. A ellos, les recomiendo que pasen un año
aprendiendo a vender. Aunque no ganen nada, sus aptitudes para la comunicación mejorarán.
Y eso no tiene precio.
Además de estar abiertos para aprender, y ser buenos vendedores y comerciantes,
necesitamos ser buenos maestros, tanto como buenos estudiantes. Para llegar a ser
verdaderamente ricos, necesitamos ser capaces de dar, tanto como de recibir. Cuando existen
momentos de luchas profesionales o financieras, generalmente es porque hay una carencia en
el dar o recibir. Conozco personas que son pobres porque no son buenos estudiantes ni buenos
maestros.
Mis dos padres eran hombres generosos. Ambos se hicieron el hábito de dar primero. Enseñar
era una de sus maneras de dar. Cuanto más daban, más recibían. Una diferencia impactante
estaba en la donación de dinero. Mi padre rico donaba grandes cantidades de dinero. Daba a
su iglesia, a obras de caridad, a su fundación. El sabía que para recibir dinero, primero hay que
darlo. Dar dinero es el secreto de la mayoría de las familias ricas. Por eso existen
organizaciones tales como la Fundación Rockefeller o la Fundación Ford. Estas son
organizaciones concebidas para tomar su riqueza e incrementarla, como también para darla a
perpetuidad.
Mi padre instruido siempre decía "cuando me sobre dinero, lo daré". El problema era que
jamás había un sobrante. Entonces él trabajaba más arduamente para hacerse acreedor de
más dinero, en vez de enfocarse en la ley más importante del dinero: "Dad y recibiréis". En
lugar de eso, él creía en "recibid y luego dad".
En conclusión, me convertí en mis dos padres. Una parte de mí es un capitalista acérrimo que
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