"¿Y si la economía colapsa después de que yo invierta?". O, "¿Y si pierdo el control y no puedo
devolver el dinero?" "¿Y si las cosas no se desarrollan como las planeé?". O tenemos amigos o
seres queridos que nos recordarán nuestros defectos sin importar lo que estemos
preguntando. Generalmente dicen, "¿Qué te hace pensar que puedes hacer eso?". O, "si es
una idea tan genial, ¿cómo es que no se le ocurrió a alguien más?". O, "eso nunca funcionará.
No sabes de qué estás hablando". Estas palabras de duda a menudo se hacen tan fuertes que
nos impiden actuar. Se genera un sentimiento horrible en nuestro estómago. A veces no
podemos dormir. No avanzamos. Y así nos quedamos con lo que es seguro, y las
oportunidades nos pasan de largo. Contemplamos cómo la vida nos pasa desapercibida,
mientras nos sentamos inmovilizados con un frío nudo en nuestro cuerpo. Todos hemos
sentido esto alguna vez en nuestras vidas, algunos más que otros.
Peter Lynch remite la fama de los fondos comunes de inversión Fidelity Magellan, a que las
advertencias de que el cielo se está cayendo son oídas por todos nosotros como "ruido".
El "ruido", o bien se crea dentro de nuestras cabezas, o bien proviene del exterior. A menudo
de amigos, familia, compañeros de trabajo, y los medios. Lynch recuerda esa época de los
años 50, cuando la amenaza de guerra nuclear prevalecía tanto en las noticias, que la gente
empezó a construir refugios antiatómicos y a almacenar comida y agua. Si en lugar de eso
hubieran invertido ese dinero sabiamente en el mercado, probablemente hoy serían
financieramente independientes.
Cuando hace algunos años estallaron los disturbios en Los Ángeles, la venta de armas
aumentó en todo el país. Una persona muere en el estado de Washington por una
hamburguesa de carne poco cocida, y el Departamento de Salud de Arizona ordena a todos los
restaurantes que sus hamburguesas de carne se sirvan bien cocidas. Un laboratorio lanza un
comercial de televisión en todo el país mostrando cómo se resfría la gente. El aviso es lanzado
en febrero. Los resfríos aumentan, como así también las ventas de su remedio para el resfrío.
La mayoría de las personas son pobres, porque a la hora de invertir, el mundo está lleno de
"Gallinitas" corriendo por ahí vociferando "el cielo se' está cayendo, el cielo se está cayendo". Y
los "Gallinitas" son efectivos, porque cada uno de nosotros es una gallinita. A menudo se
requiere de gran coraje para no dejar que los rumores y los comentarios pesimistas y
alarmistas afecten sus dudas y temores.
En 1992, un amigo de Boston llamado Richard, vino a Phoenix a visitarnos a mi familia y a mí.
El estaba impresionado con lo que habíamos ganado con acciones y bienes raíces. Los precios
del mercado inmobiliario de Phoenix estaban en baja. Pasamos dos días con él mostrándole
algunas oportunidades que considerábamos excelentes para aumentar el flujo del dinero en
efectivo (cashflow) y el capital.
Mi esposa y yo no somos agentes de bienes raíces. Somos estricta-mente inversores. Luego de
encontrar una unidad en un complejo vacacional, llamamos a un agente quien se lo vendió a
mi amigo esa misma tarde. El precio para una unidad de dos dormitorios tipo dúplex, fue tan
sólo de u$s 42.000. Casitas similares se vendían en u$s 65.000. El había encontrado una
ganga. Entusiasmado, la compró y regresó a Boston.
Dos semanas después, el agente llamó diciendo que nuestro amigo se había echado atrás. Lo
llamé inmediatamente para averiguar por qué. Todo lo que expresó fue que había hablado con
su vecino, y éste le dijo que era un mal negocio. Que estaba pagando demasiado.
Pregunté a Richard si su vecino era inversor. Dijo, "no". Cuando le pregunté porqué le había
hecho caso, se puso a la defensiva y simple-mente agregó que deseaba seguir buscando.
El mercado inmobiliario de Phoenix dio un giro y, en 1994, esa pequeña unidad se alquilaba
por u$s 1.000 por mes -u$s 2.500 en invierno, en temporada alta. El precio era de u$s 95.000
en 1995. Todo lo que Richard debía poner eran u$s 5.000 de anticipo, y hubiera sido su punto
de partida para salir de la carrera de ratas. Al día de hoy, él aún no ha hecho nada. Y sigue
habiendo gangas aquí en Phoenix; sólo hay que esforzarse bastante para verlas.
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