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El Amante de Lady Chatterley D.H.Lawrence
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-¡Claro que no! Si los negocios marchan bien no hay ninguno. Pero si
las cosas marcharan mal durante mucho tiempo, a los jóvenes les daría por
pensar tonterías. Ya le digo, son un montón de gente egoísta y mimada. Pero
no creo que llegaran a hacer nada. Nunca toman nada en serio, excepto
presumir de moto y bailar en el Palais-de-danse en Sheffield. Y nada les
hará volverse serios. Los más formales se ponen un traje por la tarde y van
al Pally a presumir delante de las chicas y bailar esos nuevos charlestones y
lo que se les ocurra. A veces el autobús está lleno de jóvenes de traje oscuro,
mineros, que van al Pally: además de los que van con sus chicas en moto o
en motocicleta. Y no se paran a pensar en nada ni un segundo; a no ser en
las carreras de Doncaster y en el Derby: porque todos apuestan en las
carreras. ¡Y el fútbol! Aunque ni siquiera el fútbol es lo que era, en absoluto.
Se parece demasiado al trabajo, dicen. No, prefieren ir en motocicleta a
Sheffield o a Nottingham los sábados por la tarde.
-¿Pero qué hacen una vez allí?
-Oh, dar vueltas y tomar té en algún sitio elegante como el Mikado,
luego ir al Pally, o al cine, o al Empire, con alguna chica. Las chicas son tan
libres como ellos. Hacen lo que les da la gana.
-¿Y qué hacen cuando no tienen dinero para esas cosas?
-Parece que se las arreglan siempre para sacarlo de algún lado. Es
entonces cuando dicen cosas malas. Pero no veo cómo van a hacerse
bolcheviques si lo único que quieren es tener dinero y divertirse; y las chicas
lo mismo con la ropa elegante: es lo único que les preocupa. No tienen
inteligencia para hacerse socialistas. Les falta seriedad para tomarse algo
realmente a pecho, y no la tendrán nunca.
Connie pensó que las clases bajas parecían una copia exacta de todas
las demás clases. Siempre la misma copla una y otra vez; fuera en
Tevershall, en Mayfair o en Kensington. Sólo había una clase hoy día: chicos
con dinero. El chico con dinero y la chica con dinero; la única diferencia era
cuánto se tenía y cuánto se quería tener.
Bajo la influencia de la señora Bolton, Clifford comenzó a sentir de
nuevo interés por las minas. Comenzó a sentir que era parte de ellas.
Comenzó a adquirir una nueva especie de seguridad en sí mismo. Después
de todo, él era el verdadero amo de Tevershall, él era las minas. Era una
nueva sensación de poder, algo que, por miedo, había evitado hasta
entonces.
Las minas de Tevershall eran cada vez menos productivas. Sólo
quedaban dos minas: Tevershall mismo y New London. Tevershall había sido
en tiempos una mina famosa y había producido un dinero famoso. Pero su
mejor época había pasado ya. New London no había sido nunca una mina
muy rica y en tiempos normales daba justo lo suficiente para seguir
adelante no mal del todo. Pero aquélla era una mala época y eran las minas
como New London las que se cerraban.
-Muchos de los hombres de Tevershall se han despedido y se han ido
a Stacks Gate y a Whiteover -dijo la señora Bolton-. Usted no ha visto las
nuevas fábricas de Stacks Gate que abrieron después de la guerra, ¿no es
verdad, Sir Clifford? Tiene usted que ir un día, son totalmente nuevas: con
grandes complejos químicos en la boca del pozo, no se parece en nada a una
mina. Dicen que sacan más dinero de los derivados químicos que del