Ni siquiera trataré de adivinar, qué tan arriba se extienda dentro de la escala ese sentir
sin conciencia. Es ciertamente difícil suponer que los simios, el elefante, y los animales
domésticos superiores no tengan, en cierto grado, un yo o alma que conecte experiencias y
dé origen a una individualidad rudimentaria. Pero al menos gran parte de lo que parece ser
el sufrimiento animal, no necesita ser sufrimiento en sentido real alguno. Puede que seamos
nosotros quienes hemos inventado a los "sufrientes" mediante la "falacia patética" de ver en
las bestias un yo del cual no hay evidencia alguna.
2. El origen del sufrimiento animal pudo ser buscado, por generaciones anteriores, hacia
atrás, hasta la caída del hombre; todo el mundo fue infectado por la rebelión esterilizante de
Adán. Esto es ahora imposible, va que tenemos buenas razones para creer que los
animales existían desde mucho antes que los hombres. El ser carnívoro, con todo lo que
implica, es más antiguo que la humanidad. Ahora bien, es imposible a estas alturas no
recordar cierta historia sagrada que, a pesar de que nunca estuvo incluida en los credos, ha
sido vastamente creída en la Iglesia y parece estar implícita en varios mensajes dominicos,
paulinos, y de San Juan; me refiero a la historia de que el hombre no fue la primera creatura
que se rebeló contra el Creador, sino que un ser más antiguo y poderoso se volvió apóstata
mucho antes, y es ahora el emperador de las tinieblas y (en forma significativa) el señor de
este mundo. A algunas personas les gustaría rechazar todos estos elementos de las
enseñanzas de Nuestro Señor, y podría discutirse que cuando Él se vació a sí mismo de su
gloria, también se humilló a sí mismo para compartir, como hombre, las supersticiones
populares de su época. Y ciertamente creo que Cristo, en la carne, no era omnisciente,
aunque sea solamente porque un cerebro humano no podría, probablemente, ser vehículo
de la conciencia omnisciente, y decir que el pensamiento de Nuestro Señor no estaba
realmente condicionado por el tamaño y la forma de su cerebro podría ser negar la
encarnación real y convertirnos en docetistas. Por lo tanto, si Nuestro Señor se hubiese
comprometido con cualquier afirmación científica o histórica que supiésemos que no era
verdadera, esto no perturbaría mi fe en su divinidad. Pero la doctrina de la existencia y caída
de Satanás no se encuentra entre aquellas cosas que sallemos que no son ciertas; no
contradice los hechos descubiertos por científicos, sino solamente el simple vago "clima de
opinión" en que da la casualidad que vivimos. Ahora bien, tengo una muy baja opinión de los
"climas de opinión". En su propio tema, cada hombre sabe que todos los descubrimientos
son hechos, y los errores corregidos, por aquellos que ignoran el "clima de opinión".
Por lo tanto, me parece una suposición razonable, el que un creado poder poderoso ya
hubiese estado obrando en favor de la maldad en el universo material, o el sistema solar, o,
por lo menos, en el planeta Tierra, antes que el hombre entrara en escena; y que cuando el
hombre cayó, alguien efectivamente lo había tentado. Esta hipótesis no es presentada como
una "explicación" general "del mal"; solamente da una aplicación más amplia al principio de
que el mal proviene del abuso de libre albedrío. Si existe tal poder, como creo, bien puede
haber corrompido a la creación animal antes que el hombre apareciera. El mal intrínseco del
mundo animal yace en el hecho de que los animales, o algunos animales, vivan
destruyéndose unos a otros. No admitiré que sea un mal el que las plantas hagan lo mismo.
La corrupción satánica de las bestias sería, por lo tanto, en un aspecto análoga a la
corrupción satánica del hombre, ya que un resultado de la caída del hombre fue que su
animalidad retrocedió de la humanidad a la cual había sido levantada, pero a la cual ya no
podía gobernar. De la misma manera, la animalidad puede haber sido alentada a caer en un
comportamiento apropiado a vegetales. Es, por supuesto, verdad que la inmensa mortalidad
causada por el hecho de que muchas bestias vivan de bestias, está balanceada, en la
naturaleza, por una inmensa tasa de natalidad, y podría parecer que si todos los animales
hubiesen sido herbívoros y sanos, la mayoría moriría de hambre como resultado de fin
propia multiplicación. Pero yo tomo la fecundidad y la tasa de mortalidad como fenómenos
correlativos. Quizá no había necesidad de tal exceso de impulso sexual; el Señor de este
mundo pensó en él como una respuesta al ser carnívoro —un doble artificio para asegurar la
máxima cantidad de tortura. Si acaso ofende menos, puede usted decir que la "fuerza vital"